Tenía muchísimas ganas de ir al Monte Takao, pero nunca encontraba la oportunidad. El objetivo principal era visitarlo durante el follaje otoñal, cosa que este año me propuse hacer. Aquí te cuento mi viaje al Monte Takao.
Subiendo la montaña
lunes, 1 de diciembre de 2025
El viaje me tomó 2 largas horas en tren, afortunadamente fui sentada todo el trayecto. Como iba en la parte delantera del tren, podía ver cómo nos acercábamos a las montañas, cubiertas de colores rojos y anaranjados. Una vista que me avisaba de lo que me iba a encontrar.
Nada más bajar, descubrí que apenas tenía cobertura en el móvil. Lo cual temía que se volviera un problema porque viajaba completamente sola.
Antes de comenzar la ruta, busqué el Museo Takao 599, de entrada gratuita. Fue mucho más pequeño de lo que esperaba, con más espacios para el descanso que para educar, pero al menos pude ver algo de la fauna y de los insectos de la montaña disecados. Solo diré que es increíble lo grandes que pueden llegar a ser las avispas en este país.

A las 11:50 di pistoletazo de salida y comencé a subir la cuesta inclinadísima hacia la cima. Estaba también la opción de subir en funicular o telesilla, pero quería ahorrarme un dinero y, de camino, observar el «Momiji» (follaje otoñal). A lo largo de la subida no paraban de pasar camiones de bomberos, llegué a contar 4, una ambulancia y un coche de policía. Nunca llegué a saber qué ocurrió.
En cuanto al trayecto, fue duro. Muy duro. He subido otras montañas como el Monte Fuji o el Volcán Ijen, pero ésta me resultó la más dura porque era extremadamente empinada. Además, hacía muchísimo calor y yo iba muy abrigada. Fue una tortura. Eso sí, el paisaje era bellísimo.

El pulpo y la estupa
A las 12:35 llegué hasta donde subían las telesillas. El camino a partir de aquí se allanó considerablemente y se llenó de gente. Todos vestían muy bonito y se les veía llenos de energía, mientras yo podía llenar una piscina entera con mi sudor. Qué mal lo pasé.
Desde este punto había miradores hacia la ciudad de Tokyo que se veía lejísimos y empequeñecida. Ya podía hacerme una idea de la altura a la que me encontraba. Caminando un poco más di con el Cedro Pulpo al que apenas se puede ver con la vaya. En cambio, la estatua a su lado quedaba muy graciosa porque me recordaba a Ikalgo del anime Hunter x Hunter.

Poco después llegué a la puerta torii que marcaba la zona del templo. El camino aquí se volvía mucho más bonito decorado con lámparas rojas que contrastaban mucho el color verde del fondo. Entonces llegué a una bifurcación. A la izquierda tenía unas largas escaleras y a la derecha una cuesta. Quería visitar la estupa de la reliquia de Buda que estaba tras las escaleras, así que no me quedó de otra que afrontar mi destino y subir los 108 escalones. Por si eso no fuera poco, había otras escaleras para subir a la estupa. Al contrario que en el camino, la zona de la estupa estaba vacía. Fue un gustazo pasear siendo la única.

Llegamos a la cima
Al salir y retomar el camino principal, por cierto, precioso lleno de tablillas, volví a verme rodeada de gente. Al final del camino estaba la entrada del templo. Aquí lo más llamativo fueron dos estatuas de Tengu a tamaño real. También una piedra con un círculo donde la gente hacia cola para pasar y hacer tocar unos anillos.

El salón principal del templo Yakuo-in no me pareció nada del otro mundo. Me gustó mucho más el Santuario Izuna Gongen, con sus tallados y colores. Después de eso tuve que subir muchísimas escaleras y seguir subiendo algunas cuestas más, pero finalmente llegué a la cima a las 14:00.
Lo único que hice fue sentarme en un banco y recuperar el aliento. Estaba exhausta. Luego, alcé la vista para apreciar bien la ciudad a mis pies. El tiempo no acompañaba mucho pues se veía una neblina a lo lejos que me impidió ver algunos edificios como el Skytree. Eso no quitó que fuera increíble tener la ciudad de Tokyo a tus pies.
Al otro lado del mirador pude ver también el Monte Fuji, pero como el sol daba justo por ahí, no sé apreciaba bien. Siempre es un placer ver el monte, aunque sea un poco.

Comida antes de bajar
Hice una parada para comer en esta tienda de soba. Me pedí un Sansai Soba elaborado con ingredientes obtenidos en la propia montaña. Siendo sinceros, no estaba bueno. Sentía que estaba comiendo plantas sin más, sin ni siquiera sal.

Con la barriga llena y habiendo deleitándome un rato más con las vistas, me preparé para comenzar a bajar. Esta vez me llevó menos de hora y media. Haciendo paradas para echar algunas fotos más aprovechando que había menos gente.
La subida fue dura, pero la bajada no se quedaba atrás. Tenía la sensación de que en cualquier momento iba a caerme y rodar cuesta abajo. Tengo que hacer una mención a la telesilla la cual tenía una cola de al menos media hora o incluso más. La gente se apelotonaba fuera de la zona del transporte y se metía dentro del camino de la montaña. Una vez más, el trayecto de bajada estaba vacío en comparación.
Una vez llegué al final, le compré a mi pareja un paquete de momiji manju (pastelito relleno de pasta de judías dulce) y me volví a meter 2 horas de tren. Sentada una vez más.
Así terminaría mi viaje al Monte Takao. Si he sacado una conclusión de esto es: si tenéis oportunidad, no subáis andando.
En mi siguiente viaje no caminaría tanto:
Japón día 48:

