La ciudad de Tokorozawa creo que es uno de los lugares más desconocidos para los turistas. Yo ni la conocía hasta que un amigo me la recomendó. Lo que no sabía es que descubriría un lugar precioso y con cero turistas. Aquí te cuento mi viaje a Tokorozawa.
El Fuji de Tokorozawa
25 de junio de 2023
Esta ciudad se encuentra en la prefectura de Saitama, así que me tocó un viaje largo en tren hasta mi destino. Recuerdo que ese día hacía muchísimo calor y el sol pegaba muy fuerte. Mi primera parada, afortunadamente, era en una colina donde los árboles me daban sombra. Caminé hasta la cima siguiendo un sendero con una vegetación verde y exuberante.
En lo más alto se encontraba el Arahata Fuji, un Monte Fuji artificial de 10 metros de altura que sirve para permitir que las personas mayores puedan escalar esta pequeña montaña y que cuente como si hubieran subido al verdadero Fuji. Debo reconocer que me pareció mucho más bonito que el de Nagareyama.

Lo escalé con la esperanza de poder observar el auténtico Monte Fuji, pero, como es normal en verano, no pude ver nada ya que el horizonte estaba nublado. Al menos tuve vistas de toda la ciudad.
El bosque de Totoro
A mi siguiente destino fui andando, realmente no sé ni cómo lo hice, porque fueron más de 20 minutos bajo el sol. Acabé llegando hasta el Santuario Nakahikawa, un lugar bastante normalito. De ahí fui hasta el famoso Bosque de Totoro. Se dice que el bosque de la famosa película «Mi vecino Totoro» de Hayao Miyazaki está basada en estas colinas.

Entrar aquí fue como adentrarte de verdad en la película. Todo está cubierto de tanta vegetación que no puedes ver ni lo que hay más adelante del camino. Es un lugar realmente increíble y mágico. Lo único malo es que estaba lleno de moquitos y moscas. Tuve que ir con la boca cerrada y los ojos entreabiertos porque en cualquier momento se te metían. Incluso llevando los auriculares, con la música puesta, escuchaba el zumbido de las moscas. Fue bastante desagradable.

Me recorrí gran parte del bosque hasta acabar en el Santuario Horiguchi Tenman Ten. Después de la breve visita, salí del bosque.
El lago Sayama
Lo siguiente en mi lista era el lago Sayama, antes de llegar hasta él, hice una breve visita a un simpático seto de Totoro en una propiedad privada.

Fue muy curioso cuando buscaba el lago y solo tenía delante de mí una colina. Yo solo pensaba: ¿Cómo va a estar el lago encima de la colina? Pero sí, allí estaba. Comencé a subirla y aquí fue cuando comenzó la peor parte del viaje.
Llevaba caminando más de dos horas sin descanso, con el fuerte sol dándome desde arriba, sin haber comido nada. Me moría de sed y acabé mareándome. Tuve que sentarme en unas escaleras, a la sombra, durante un buen rato. En este momento me planteé volverme a casa, de verdad que me encontraba fatal fatal. Buscaba con desesperación una máquina expendedora o un combini para comprar agua, pero no había nada cerca. Como estaba lejos de las estaciones de trenes, no me quedó más remedio que aguantarme y continuar.

Debo reconocer que al menos, el lago, mereció totalmente la pena. Era grandísimo y muy bonito. Me daba la sensación de que habría criaturas en su fondo. Habían creado a su alrededor como un parque o paseo, aquí me encontré a varias personas haciendo footing o disfrutando del día. (Hasta entonces había estado completamente sola en los demás puntos).
En esta zona había también columnas con wisterias, pero como era verano, solo estaba cubierto de verde. Me hubiera gustado haber visto las wisterias.
Un templo inesperado
Al bajar del lago di con el templo Sayama-fudoji que no sabía que existía. Era un recinto enorme con un montón de edificios (pagodas, puertas, salones…). La sala principal era aburrida, muy típica del budismo moderno, pero una de las entradas me enamoró. Estaba sobrecargada de colores y pinturas. Más tarde descubriría que el templo en sí es reciente, pero que las estructuras son mucho más viejas y traídas de otras partes.

Justo al lado estaba la razón principal de mi viaje: el Templo Konjoin. Este lugar me lo recomendó un amigo. Cuando veía fotos, no le veía nada interesante, pero una vez allí, me cautivó. Hago un inciso para contaros que finalmente encontré una máquina expendedora donde pude comprar agua. Eran las 15:20, yo desde las 12:00 caminando bajo el sol. Fue como rejuvenecer. Me recargué de fuerzas y continué.

El salón principal del templo no era gran cosa, pero justo detrás, te encontrabas con una sala recargada al más puro estilo chino. Con dos dragones rodeándolo. Justo al lado, un montón de estatuillas. Me gustó muchísimo porque nunca antes había visto nada igual.

Más arriba, además, había una pagoda china. La pagoda no era gran cosa, pero justo debajo, había un túnel subterráneo que la rodeaba. Fue como algo un tanto siniestro porque era un largo pasillo con estatuillas de la diosa Kannon y una de las bombillas no dejaba de parpadear. Me encantó.
El parque de la aviación
Después de esto, justo delante del estadio de beisbol, cogí un tren dirección a mi último destino: el Parque conmemorativo de la Aviación de Tokorozawa. Se trata de un parque gigantesco, donde se voló por primera vez un avión en Japón en 1910. A lo largo de él hay aviones, un museo… El parque es tan grande que tiene también cancha de tenis y de beisbol. El lugar es una auténtica preciosidad y muy, pero que muy grande. Para este punto estaba agotada y me dolían los pies, así que se me hizo un poco difícil recorrerlo.

Justo delante de la estación donde cogí mi tren de vuelta había otro avión (un YS-11 de Air Nippon). Se me hizo muy raro encontrarme aviones tan grandes en mitad de una ciudad. Y así concluiría mi viaje a Tokorozawa. Después de este día me prometí una cosa: nunca más volvería a viajar en verano que hasta día de hoy he cumplido. Exceptuando el viaje a Corea del Sur que hice en agosto de ese año, pero fue porque eran las únicas vacaciones de mi empresa.
Por azares del destino, no volví a viajar por Japón durante ese año. Sin embargo, el siguiente viaje sería inolvidable y lleno de nieve:
Japón día 37: Ikaho e Initial D

