China día 8: ruta gastronómica por Shanghái

Mercado del Jardín Yu en Shanghái

Durante mi último día en China sería acompañada de un amigo y su pareja que viven en Shanghái desde hace muchos años. Ambos me enseñarían lugares a los que jamás hubiera ido sola. Aquí te cuento cómo fue mi viaje a Shanghái.

La calle Nanjing

11 de marzo de 2025

Me reuní con mi amigo por la mañana temprano en la puerta de su casa y juntos fuimos a comprar el desayuno: unos dulces occidentales. Mientras paseábamos por el barrio donde vivía su novia no paraba de fijarme en las calles. Tenían una arquitectura que me recordaba muchísimo a Jaén o cualquier ciudad de España. La influencia de Francia se notaba mucho.

Tras desayunar los tres juntos, fuimos a la calle Nanjing, una calle comercial muy famosa. Llegamos primero al Parque del Pueblo donde me explicaron que allí los padres exponían a sus hijos para buscarles pareja. Un auténtico mercado matrimonial. Luego caminamos hasta la calle Nanjing que se encuentra justo al lado. Por el camino me iban contando muchísimas curiosidades de Shanghái y sobre China. Iban respondiendo también a todas mis preguntas. China como destino turístico es una cosa, pero vivir aquí es algo completamente diferente. Los extranjeros residentes viven muy limitados en muchos aspectos.

Calle Nanjing de Shanghái
Calle Nanjing

Mientras paseábamos por la calle me di cuenta de muchas diferencias que hay con la otra ciudad grande del país: Pekín. Shanghái es auténtica modernidad, muy limpia y muchísimo más libre, sin tanto policía y militar por sus calles. Y lo mejor de todo: ¡Nadie escupía! También me fijé en que era la primera ciudad en la que veía a extranjeros caminando libremente, sin tours de por medio.

Hicimos varias paradas en tiendas donde probamos chocolate. Finalmente, cuando nos aproximábamos hacia el final de la calle vimos la famosa Torre Perla Oriental. Había visto millones de fotos de ella y siempre la vi normal, pero ahora que la tenía frente a mis ojos me pareció una de las torres de comunicación más bonitas que había visto hasta la fecha.

Paseo por el Bund

Rápidamente llegamos al Bund donde pudimos ver la imagen más famosa del Shanghái: el distrito Pudong. Quise recorrerlo entero así que partimos desde el Monumento a los Héroes del Pueblo y fuimos bajando. Yo no paraba de sacar fotografías y aunque estaba un poco nublado (la torre de Shanghái se iba ocultando cada vez más), seguía siendo una vista preciosa.

Distrito Pudong de Shanghai desde The Bund
Distrito Pudong desde The Bund

Estuvimos a punto de cruzar al otro lado porque decían que estaban abriendo un camino peatonal que pasaba por debajo del río, pero no encontramos información. Hicimos otra parada para ver el Toro de Shanghái donde nos sacamos una foto y luego otra parada más donde llené mi mochila de chocolate Kinder. (Jamás le perdonaré a Japón que no vendan).

Toro de The Bund en Shanghái
Toro de The Bund en Shanghái

El Bazar del Jardín Yu

Fuimos bajando más hasta llegar al Jardín Yu. Mi amigo me dijo que el Jardín del administrador humilde de Suzhou era muchísimo más bonito, así que no entramos al Jardín Yu. El Jardín del administrador humilde me decepcionó bastante así que no me encontraba muy motivada para visitar este otro.

Llegamos hasta el Templo del Dios de la Ciudad donde descubrimos que debíamos pagar 10 yuanes de entrada (algo simbólico). Mis amigos no conocían este templo así que les pilló a ellos también de sorpresa. El templo es bonito y merece una visita.

Templo del Dios de la Ciudad de Shanghái
Templo del Dios de la Ciudad

Al salir, dimos una vuelta por el bazar que rodea al templo y al Jardín Yu. No había visto ninguna foto del sitio y debo decir que fue de lo mejorcito de Shanghái. Es una zona comercial que mezcla la arquitectura china con la modernidad. Además, todo parecía limpio y nuevo. Me encantó.

Mercado del Jardín Yu en Shanghái
Mercado del Jardín Yu

Hicimos una parada porque querían que probara el famoso tangbao, un dumpling de sopa que se bebe con una pajita. Yo tampoco podía creerlo hasta que le pegué el primer sorbo. El que probé era de sabor a cangrejo. Estaba bueno, pero reconozco que prefiero los bao rellenos de carne. Si os interesa, comimos en este sitio.

Tangbao en Shanghái
Tangbao en Shanghái

Seguimos descubriendo el bazar llegando a la zona del estanque, donde observamos enormes carpas. Esta zona fue una auténtica preciosidad, aunque estuviera llena de gente. Luego, hicimos otra parada donde compramos una especie de torta salada enorme para picar. A mí me encantó porque sabía a churros.

Estanque del mercado del Jardín Yu en Shanghái
Estanque del mercado del Jardín Yu

Al final acabamos en el Museo del Chocolate, de entrada gratuita, donde vimos figuras de animales hechas en chocolate. El museo no es la gran cosa, pero al ser gratuito y muy pequeño, os recomiendo que os paséis un momento.

La noche de Shanghái

Al salir, cogimos el metro y nos separamos de la pareja de mi amigo quien tenía que trabajar. En este punto yo ya no sabía a dónde ir o qué ver, así que me dejé guiar por mi amigo que me condujo al barrio Xintiandi, formado por casas shikumen antiguas restauradas. No lo conocía y fue una auténtica sorpresa. Shanghái tiene algo en sus barrios que no sé cómo explicar. Son bonitos, parecen nuevos y da gusto pasear por ellos.

Barrio Xintiandi de Shanghái
Barrio Xintiandi

Una vez caída la noche regresamos al Bund para observar la famosa vista nocturna. Desafortunadamente, estaba nublado y la mitad de los edificios no se veían. Aún así me quedé impresionada de la belleza de este lugar. No me importaba que estuviera nublado o el paseo estuviera a rebosar de gente. Solo me quedé observando la vista enamorada.

Para terminar el día, me llevó a este restaurante donde probamos diferentes platos chinos. Solomillo de cerdo agridulce (糖醋里脊), coliflor frita (干煸花菜), arroz frito (炒饭) y un plato más cuyo nombre no recuerdo. La comida estaba muy buena, pero especialmente el solomillo de cerdo agridulce.

Solomillo de cerdo agridulce en Shanghái
Solomillo de cerdo agridulce

Con la barriga llena, regresamos a la casa de su novia donde recogí mi maleta y me despedí de ellos. Les estoy muy agradecida porque se portaron estupendamente conmigo. He aprendido mucho y me han ayudado a que me viaje fuera muchísimo más cómodo.

Cogí un tren con dirección al aeropuerto de Pudong donde pasé unos controles bastante duros y despegamos sin problemas dando por finalizado así mi viaje a China.

Mi reflexión

China ha sido un país que me ha dejado con la boca abierta. Toda mi vida la he pasado con una imagen en la cabeza y ha sido todo lo contrario. Un país super limpio, moderno, con comida deliciosa, transporte barato e impecable, super fácil de viajar, con monumentos que quitan el hipo y muy muy seguro. De verdad, recomiendo a todo el mundo visitar China.

No obstante, tiene algunos puntos negativos. El primero de ellos es el tema de internet que dificulta a veces el viaje, el segundo de ellos son los controles constantes de equipaje que te hacen en cualquier lado, incluido el metro. No puede faltar lo poco extendido que está el inglés aquí. Con señas uno se entiende perfectamente, pero cuando te toca leer carteles u ocurre un problema (ejem, ejem)…

Por último, y no menos importante, diría que lo que menos me ha gustado de China han sido los chinos. Me he relacionado con gente muy simpática, aunque no habláramos el mismo idioma, que me ha ayudado y se ha interesado por mí. Sin embargo, la imagen que me llevo de los chinos es que son muy maleducados. No paran de escupir por las calles, se te cuelan o empujan para subir al metro, tiran basura al suelo sin asco, hablan a gritos aunque todo el mundo esté durmiendo, tienen el volumen altísimo de los móviles en el transporte público, los lugares turísticos están masificados… será que estoy muy malacostumbrada en Japón, pero acabé agotadísima.

Aun con todo eso, deseo volver a China una vez más.

Fin

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