Aprovechando que estábamos en Madrid, hicimos dos excursiones, una de ellas a Segovia y la otra a la ciudad de Toledo. Apenas conocía nada de esta última, así que no tenía ni idea de las maravillas que estaba a punto de descubrir. Aquí te cuento cómo fue mi viaje a Toledo.
Llegada a Toledo
5 de mayo de 2019
Llegamos temprano en la mañana a la ciudad de Toledo. La Puerta Nueva de Bisagra fue la que nos dio la bienvenida. A partir de aquí ya me fui haciendo una idea del tipo de lugar que era Toledo porque al cruzarla, fue como viajar a otra época.

Lo primero que hicimos fue comprar la Pulsera Turística que nos permitía el acceso a varios monumentos. No recuerdo cuánto costaba en aquella época, puede que rondara los 10€. El primer lugar por que el pasamos fue la Iglesia de los Jesuitas. Lo que más me gustó de su interior fue su bóveda blanca. Sin embargo, su mayor punto fuerte fueron las vistas desde su campanario, desde donde podíamos observar todo su casco antiguo.

Las sinagogas
Poco después visitamos la Catedral Primada de Santa María a la que no entramos en su interior, pero nos contentamos con observarla por fuera. Mirando ahora fotografías por dentro, me arrepiento mucho, pero en esta época estaba en paro y apenas podía darme lujos.

Después de este fuimos a conocer las sinagogas. Nunca antes había estado en una, así que desconocía cómo podían ser por dentro. La primera fue la Sinagoga del Tránsito, aprovechamos que era domingo para entrar gratis. No me pareció gran cosa, aunque había leído que era considerada la más bella sinagoga medieval conservada en el mundo.

Cerca se encontraba la Sinagoga de Santa María La Blanca y esta sí que me enamoró. Siento que soy un poco superficial y es que, al no entender de todo de arte y arquitectura, me dejo llevar por lo que siento que se ve más bonito. Me encantó la decoración de esta sinagoga y caminar entre sus arcos.

El monasterio y el mirador
Llegados a este punto pensaba que nada más me iba a sorprender en esta ciudad, pero el destino me tenía preparadas dos últimas sorpresas. La primera de ellas fue el Monasterio de San Juan de los Reyes. Qué lugar más bonito. Sus pasillos en torno al patio fueron, sin duda, lo mejor. Es un imprescindible de la ciudad.

Habiendo terminado de ver todos los sitios que teníamos pendientes, salimos fuera hasta llegar al Mirador del Valle, desde donde teníamos unas vistas preciosas de todo el casco antiguo. Diría que incluso me gustaron más que las que había visto en el campanario. Una imagen que recordaré por siempre.

Con esto acabaría mi viaje a Toledo. Después de este pasarían años hasta que volviera a hacer turismo por España, ya que el destino quiso que me mudara a Japón y trajo también la pandemia.
El primer lugar que visitaría como turista tras mi regreso al país, sería mi ciudad de origen:
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