Siendo sinceros, no conocía nada sobre Mérida, pero buscando excursiones de un día desde Sevilla, acabé encontrando una joya. Una vez más, convencí a mis amigos para irnos con el coche a conocer otra joya de España. Aquí te cuento mi viaje a Mérida.
Niebla
17 de febrero de 2018
Yo y cuatro amigos más nos embarcamos con el coche para realizar una excursión desde Sevilla a Mérida, en Extremadura. Recuerdo que ese día día había una niebla espesísima, no se podía ver nada. Nuestro viaje duró dos horas en línea recta. En el camino, nos sorprendió la velocidad que llevaban los otros vehículos que sobrepasaban los 140 km/h.
A las 10:30 llegamos a la ciudad y la niebla seguía sin disiparse, aunque eso no iba a ser un impedimento. Aparcamos el coche y nos dirigimos al Puente Romano. Reconozco que todo tenía un aspecto tétrico, como si fueran a aparecer criaturas tras la neblina. Cruzar el puente se sintió como algo eterno porque éramos incapaces de ver cuándo acababa.

Una vez lo cruzamos, pareciendo los únicos que lo hacían, llegamos a la ciudad y aquí la niebla empezó a desparecer poco a poco. Lo primero que fuimos a ver fue el Templo de Diana. En este momento me sentía como si me hubiera teletransportado a Italia o Grecia, ya que solo había visto este tipo de restos arqueológicos por televisión.

El teatro y el anfiteatro
Justo cerca del templo se encontraba el Pórtico del Foro Municipal de Augusta Emérita. Nos echamos un par de fotos y continuamos hasta la atracción principal y la cual me hizo escoger Mérida como excursión: el Teatro Romano. Aquí nos encontramos a muchísima gente, lo cual nos sorprendió porque hasta entonces, apenas habíamos visto.

Tras comprar la entrada, entramos primero al anfiteatro. Después de haber estado en el de Itálica de Santiponce, he de reconocer que éste no me pareció gran cosa. Le dimos una vuelta antes de pasar al teatro que estaba justo al lado y este sí que me pareció increíble.
Grande y estupendamente conservado. Me quedé tan absorta mirándolo que ni deparé en que estaban reformando una parte. En ese momento deseé haber vivido en otra época para conocer este sitio en su mayor esplendor.

En la salida del recinto había una maqueta de los dos monumentos y una explicación de cómo eran al momento de su construcción. Aunque ahora los veamos de colores marrones y anaranjados, en su época, estaban pintados de colores llamativos como el rojo. En esta foto podéis apreciar cómo era antes.
También entramos al Museo Nacional de Arte Romano (no recuerdo si porque estuviera incluido en la entrada o coincidiéramos con el horario gratuito). Era muy grande y con un montón de hallazgos. Echamos aquí muchísimo más tiempo de lo que esperaba. Un lugar que recomiendo sin duda.
Los acueductos
Ya era las 14:00 cuando llegamos al siguiente punto del viaje: el circo romano. Apenas quedan restos del circo, solo la gran extensión de terreno que ocupó. No fue gran cosa. Apenas pasamos aquí un rato. Justo al lado estaba el Acueducto de San Lázaro, donde descansamos un poco.

Aunque sin duda, una de las mejores cosas del viaje aún no esperaba más adelante. El Acueducto de los Milagros es una obra de la ingeniería impresionante. Era tan alto que te hacía sentir como una hormiga. Nos echamos en su césped a descansar durante un buen rato. Para este punto del día, había salido el sol y casi que pasamos calor.

Por último, pusimos rumbo al coche, pasando por el Arco de Trajano. Cuando volvimos a cruzar el puente, ahora parecía otro. Ahora éramos capaces de ver todo alrededor.
Agotados, llegamos al coche y regresamos a Sevilla tras un día lleno de aventuras y risas. Mi viaje a Mérida fue inesperado y si tuviera que describirlo con una frase sería: «Fui a por cobre y encontré oro». Ojalá regresar dentro de poco.
Pasarían algunos meses hasta que hiciera un nuevo viaje por España, ya que los siguientes tres serían a tres países diferentes (Bélgica, Irlanda y Portugal):
España día 8: la Necrópolis Romana de Carmona

