Utsunomiya fue una gran sorpresa en muchos aspectos. Ha sido uno de los viajes más completos que he hecho con un montón de atracciones interesantes como templos únicos, canteras, túmulos funerarios, castillos… Un lugar que guardaré por siempre en mi corazón. Aquí te cuento mi viaje a Utsunomiya.
Viaje y ruinas arqueológicas
21 de enero de 2023
Este viaje fue un regalo de cumpleaños. Mi pareja vino a recogerme a las 5 de la mañana a la puerta de mi casa porque queríamos evitar todo el tráfico posible por la mañana. Fueron unas horas divertidas cantando todo tipo de música porque nos íbamos turnando.
Llegamos a nuestro primer destino a las nueves, justo a la hora a la que abrían. Nada más salir del coche nos abrigamos de arriba abajo porque hacía un frío de los que te calan los huesos. Lo bueno es que éramos los únicos turistas.

El museo de las ruinas arqueológicas de Utsunomiya, de entrada gratuita, se construyó al lado de un cementerio de miles de años. Hay reconstrucciones de las casas que usaban en el periodo Jomon (4.500 – 300 a.C.) que, aunque no se puede entrar dentro, son realmente impresionantes por fuera. Estuvimos paseando por el recinto y conociendo más sobre la historia en su museo.
La piedra Oya
La siguiente parada fue el parque Oya donde se encuentra la Heiwa Kannon, una estatua de 27 metros esculpida en piedra. Después de haber visto otras más grandes como la de Ushiku, esta resulta pequeña. Lo más impresionante es el entorno que la rodea, con enormes rocas oya (volcánicas) que parecen acantilados. Era como si un gigante hubiera cortado la roca para crear un camino.

Tras echarnos fotos, subimos a la Kannon para verla más de cerca. Tengo que reconocer que desde arriba parecía mucho más pequeña.
Justo al lado de este parque se encuentra el templo Oya, un curioso lugar de culto construido en la propia roca y que contaba con más de 1200 años de antigüedad. La imagen te deja sin palabras porque sientes que en cualquier momento la tierra caerá y sepultará el templo.

En su interior había una estatua de la diosa Kannon de mil brazos tallada en la roca que es considerada la más antigua dentro del budismo. Se notaba los años de antigüedad pues ya no se aprecia los rasgos del rostro. También había otras estatuas de Buda mucho más modernas a otro lado. Tras esto dimos un corto paseo por su jardín.

Bajando a una cantera
La ciudad de Utsunomiya se caracteriza mucho por la piedra Oya. Hoy en día, la cantina de la que se extraía dicha piedra se ha convertido es un museo. Tienen un apartado de las herramientas que usaban para su extracción, pero la joya se encuentra en las minas del subsuelo. El punto más bajo se encuentra por debajo de 60 metros del nivel del suelo.
Pasear por este sitio me hacía sentir como si estuviera jugando al Minecraft en la vida real. No hay mucho para ver, pero merece totalmente la pena perderse por sus pasillos.

Antes de poner rumbo a la ciudad, hicimos una breve parada en el túmulo funerario Nagaoka Hyakuana. Una pared con cuevas usadas como tumbas. No hay nada en su interior salvo imágenes de Buda talladas en la roca.

El castillo de Utsunomiya
Como eran las 13:00 y aún no podíamos entrar en nuestro hotel, decidimos visitar el castillo de Utsunomiya. Me pareja se quedó durmiendo en el auto y yo fui sola a conocer este lugar relacionado con el Shinsengumi.

Ya casi no queda nada del castillo, lo poco que hay es una reconstrucción. Antes de subir a la planta de arriba entré en un pequeño museo donde ponían un documental de la historia del castillo. Al terminar, una de las trabajadoras se acercó a preguntarme qué me traía allí, pues no era común ver extranjeros. Le expliqué que estaba interesada en la historia del Shinsengumi y que sabía que Hijikata Toshizo había estado peleando allí durante la guerra. Recuerdo que se sorprendió mucho porque ni los propios japoneses saben eso.
El castillo no tiene nada interesante. Tal vez en otra época del año donde el césped estuviera verde, las vistas mejorarían. También vi el Museo Seimeikan con unas enormes carrozas usadas en el Festival Kikusui.

Hora de comer
Para este punto nos moríamos de hambre, así que tras hacer el check-in en el hotel, nos fuimos cerca de la estación de Utsunomiya a buscar un sitio donde probar el plato típico: las gyozas (餃子, empanadillas chinas). En esta época el gobierno japonés estaba dando vales de descuento para motivar a los japoneses a viajar por el país así que buscamos un sitio donde pudiéramos usarlos.

Acabamos en este restaurante que al parecer era muy famoso porque había una cola larguísima. Tras mucho esperar, nos dieron mesa. Pedimos los 3 tipos de gyozas que hay: fritas en la sartén (焼餃子), fritas en aceite (揚餃子) y hervidas (水餃子). Nuestras favoritas fueron sin duda las fritas en la sartén y las que menos nos gustaron fueron las hervidas porque apenas tenían sabor. Reconozco que nos pusimos las botas.
Conociendo la ciudad
En este punto, mi pareja quería regresar al hotel a descansar y yo quería seguir descubriendo la ciudad, así que nos separamos. Fui visitando diferentes puntos como el Templo Zenganji, el Santuario Futaarayama, la preciosa Iglesia católica Matsugamine, las estatuas de la estación, el Templo Hozoji y la Antigua residencia de la familia Shinohara.

Sin duda mi favorita fue la iglesia a la que me hubiera gustado mucho entrar, pero estaban las puertas cerradas y me daba cosa abrirlas por si estaban dando misa. También me hizo mucha gracia la estatua de la Venus de Gyoza porque es cuanto menos curiosa.

A las 18:00 regresé al hotel. Estuvimos viendo las noticias hasta tarde. Recuerdo que cuando salí de la ducha, mi pareja me estampó un trozo de tarta en la cara. Como había dicho al principio, el viaje fue para celebrar mi cumpleaños, así que en cuanto dieron las doce, sacó una tarta y celebramos juntos. Ese fue el motivo por el que no vino conmigo a descubrir la ciudad. Así acabaría este día tan completo.
Al día siguiente veríamos carreras de drift y conoceríamos una nueva ciudad no planeada:
Japón día 34: drift y el castillo de Joso

