Indonesia día 2: la vida en la calle Malioboro de Yogyakarta

Calle Malioboro de Yogyakarta

Habíamos empezado con mal pie con Indonesia, la ciudad de Yakarta no nos había gustado para nada. Lo que no sabíamos era que visitaríamos otra ciudad que es totalmente opuesta a la capital. Aquí te cuento mi viaje a Yogyakarta.

Un amigo indonesio

5 de octubre de 2024

Nos despertamos a las 4 de la mañana con un rezo islam. Tras alistarnos y coger nuestras cosas, salimos a las 5. Aún era de noche, pero ya había mucho tráfico y gente en la calle. Caminamos dirección a la estación intentando no ser atropellados cuando cruzábamos por los pasos de peatones porque recordemos que no habíamos visto ninguno hasta el momento. Spoiler: Nos fuimos del país sin ver ni uno solo.

Cuando ya estábamos cerca de la estación de trenes, nos apegamos a un local y le seguíamos, ya que el parecía cruzar sin miedo. Mientras tanto, mirábamos el mapa intentando averiguar dónde estaba la entrada a la estación.

Cuando estábamos en la estación de bus de Pasar Senen decidimos preguntarle a aquel chico que seguíamos dónde estaba la estación de trenes. El chico nos dijo que él iba para allá, así que acabamos yendo juntos. Estuvimos hablando como podíamos, pues tanto él como nosotros, teníamos un nivel de inglés hablado muy bajo. Nos contó que era un estudiante universitario y que volvía a casa. Aprovechamos para preguntarle cómo se saludaba y se daba las gracias en indonesio (terima kasih). Fue muy amable con nosotros y nos dejó justo en nuestro tren. Me alegro de haberle conocido porque si no hubiera sido por él, aún seguiríamos buscando la entrada. De lo que me arrepiento es de no recordar su nombre.

Viajando en ejecutivo en Indonesia

Tras pasar el control de billetes, llegamos a las vías y nos encontramos un tren larguísimo. Tuvimos que caminar un buen rato hasta llegar a nuestro vagón. Viajábamos en clase ejecutiva y debo de reconocer que fue un acierto total. Asientos anchos y cómodos, reclinables, con enchufe, mesa, bolsas de basura y reposa pies.

Asientos de clase ejecutiva de un tren de Java
Asientos de clase ejecutiva

Nos quedamos dormidos un rato y al despertar mi pareja fue al vagón restaurante donde se pidió un Nasi Sapi Lada Hitam, arroz, carne y verduras con pan de gamba. Estaba bastante bueno. A mitad de camino vimos nuestro primer volcán indonesio. Era gigantesco. Rodeado de planicie me hizo recordar el Monte Fuji de Japón. Después de ese, la tierra plana desapareció y comenzamos a ver más montañas, un paisaje más típico de la imagen que teníamos en mente de Indonesia. Cuanto más nos alejábamos de Yakarta, más bonito y natural se volvió el paisaje con sus montañas y terrazas de arroz.

La calle Malioboro

Llegamos a Yogyakarta 10 minutos tarde tras un viaje de 7 horas. Salir de la estación fue una auténtica locura. Tuvimos que pasar por las vías del tren y atravesar trenes por dentro para llegar a la salida. Además, había muchísima gente que intentaba llegar a su tren por lo que teníamos que ir sorteándolos.

Decidimos caminar hasta nuestro hotel y lo hicimos por la calle Malioboro. Qué calle más bonita. Ancha, con muchísimas tiendas, gente paseando, sombra, árboles y, sobre todo, con vida (y un tiranosaurio). Nos enamoramos de este lugar al instante.

Calle Malioboro de Yogyakarta
Calle Malioboro de Yogyakarta

El hotel de Yogyakarta

Eso sí, en cuanto salimos de la calle (cerca de Kratón), todo se volvió más pobre y local. El hotel se encontraba en una de esas calles, frente al museo Sonobudoyo. Mi pareja se asustó un poco por el hotel, ya que temía que nos hubiéramos metido en un mal sitio, pero todo lo contrario. Era un hotel precioso donde las habitaciones están en torno a un patio interior con césped y carpas. Un espacio con mesas y sillas donde tomar gratis café, té o una patatillas. La habitación era vieja, pero muy espaciosa. Nos encantó.

Patio interior de nuestro hotel de Yogyakarta
Patio interior de nuestro hotel de Yogyakarta

El plan de este día era coger un bus al Prambanan, pero eran las 14:00, estábamos muy cansados, no habíamos comido y nos llamaba más la atención la calle Malioboro. Así que decidimos aplazar el templo para el día siguiente. Me alegro de no haber comprado entrada.

Hora de comer

Caminamos por Malioboro hasta un centro comercial lleno de restaurantes. En ese momento no lo sabía, pero los precios eran altos en comparación a otros lugares. Comimos finalmente en este sitio. Yo me pedí un Mie Goreng ayam por 38.000 IDR y un té de limón. Mi pareja uno de lima que estaba buenísimo y de comer Nasi ayam Kung Pao. Los tés de Indonesia están deliciosos y parecen naturales, por ejemplo, al té de limón le echan dos rodajas de limón. En cuanto al mie me encantó. Hasta ese momento, mi comida favorita.

Nasi ayam Kung Pao en Yogyakarta
Nasi ayam Kung Pao

Al salir estuvimos viendo tiendas y buscando algún sitio para comer algún postre típico, pero no encontramos nada donde no temiéramos por nuestra salud. En el camino hablamos con locales y vimos una especie de centro comercial. Debo reconocer que lo que más me sorprende de Indonesia es su gente. No nos habíamos encontrado a nadie malo, todos eran amables y siempre con una sonrisa dispuestos a ayudar. Son maravillosos.

Pipas de sabores en Yogyakarta
Pipas de sabores en Yogyakarta

De vuelta al hotel nos pasamos por una tienda a comprar algo. Aquí encontré pipas de leche, caramelo y coco. Decidí que tenía que probarlas antes de irme. Llegamos al hotel y como no quería que acabara el día, decidí callejear para ver el Palacio Real, también conocido como Kratón. Reconozco que fue una experiencia increíble. Me adentré en callejones en los que jamás me metería si estuviera en España. Los niños y adultos me saludaban cuando me veían. Desafortunadamente, el palacio estaba cerrado pues eran las cinco de la tarde. Sin embargo, solo por ese paseo, ya me mereció la pena.

Kratón en Yogyakarta
Kratón

Al regresar al hotel, mi pareja y yo teníamos intención de salir a cenar fuera, pero como estábamos agotados, decidimos pedir y que nos lo trajeran a casa. Tras comer nos dormidos temprano dando por finalizado mi viaje a Yogyakarta.

Al día siguiente tocaba un día muy duro:
Indonesia día 3: los templos Borobudur y Prambanan

Artículos recomendados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *