¿Qué pasaría si uno busca los cerezos en flor fuera de temporada? Algo así me pasó a mí y al grupo con el que estaba. Decidieron ver el famoso sakura antes de irse de Japón, pero ya había pasado la época en Tokyo, así que no nos quedó más remedio que coger un tren hacia el norte. Aquí te cuento cómo fue mi viaje a Kitakami.
Camino a Tohoku
16 de abril de 2026
Me desperté sobre las 5 de la mañana, tenía que recoger a mi grupo para llevarlos al norte de Japón, decisión que tomamos el día anterior por la tarde. ¿Una locura? Sí, pero íbamos a la aventura.
Los recogí en su hotel y nos fuimos a la estación de Tokyo, donde cogimos uno de los primeros Shinkansen hacia Tohoku. Nos fuimos en Gran Class y debo reconocer que una vez la pruebas, no quieres usar ninguna otra más. A la ida no, pero a la vuelta tuvimos comida y bebidas ilimitadas con un hombre atendiéndonos a tan solo 12 personas.

A las 11:30 nos plantamos en la ciudad de Kitakami, más parecida a un pueblo que a una ciudad. Caminamos entre sus casitas con destino el río. Una vez llegamos a la orilla, podíamos ver del otro lado los preciosos cerezos en flor en Tenshochi. Tengo que destacar que en este día hacía muchísimo viento y en el día anterior había estado lloviendo, por lo que muchos de estos árboles habían perdido gran parte de sus flores. Aún con eso, estaba hermoso.

Entre cerezos
Cruzamos el puente y llegamos al camino que conformaban los cerezos. Las fotos que os muestro aquí no le hacen nada de justicia a lo bonito que era. El camino era muy largo, de unos 2 kilómetros, en paralelo al río Kitakami. Se trata de uno de los 100 mejores spots para ver cerezos en flor de todo Japón. Reconocimiento más que merecido. Nos lo recorrimos completo disfrutándolo como niños pequeños.

Justo en el final se estaba celebrando un matsuri (festival), así que habían instalado muchos puestos de comida, pero antes nos entretuvimos viendo la actuación de un mono adiestrado. El animal hacia acrobacias y saltaba de un sitio a otro a gran altura.
Después de ver la actuación completa, nos fuimos a comer algo en los puestos de comida. Aquí tengo que destacar algo como residente del país y es que he notado a los japoneses de esta ciudad mucho más abiertos y simpáticos. En Tokyo están realmente insoportables con los extranjeros. Es algo que los turistas con los que he estado no notan. He visto que les hablan casi con desprecio y aún así los turistas les dan propina. Destaco esto porque hablo japonés y he trabajado durante muchísimos años de cara al público, es decir, he tratado con muchísimos japoneses.
PD: en Kitakami no había turistas extranjeros, solo algunos chinos y coreanos.
Casas tradicionales
Con la barriga llega y mucho tiempo hasta la salida de nuestro tren, decidimos visitar la Aldea Folclórica Michinoku. Subimos la horrible cuesta que conduce a dicho lugar donde descubrimos que el museo de la ciudad era gratuito ese día. No quisimos desaprovechar la oportunidad y entramos a verlo. Tenían maquetas y katanas, aunque todos los textos estaban solo en japonés. Aunque era muy muy pequeño, lo vi bastante lleno. Mi sección favorita fue la dedicada al Shinsengumi, yo tampoco podía creerme que hubiera algo así en este lugar, pero al parecer resulta que el autor de un manga del Shinsengumi es originario de allí.

Al salir, fuimos a la aldea. Es un enorme espacio gratuito con un montón de casas tradicionales. Fuimos viendo algunas por dentro, imaginándonos la vida tradicional. Me encantó lo bien conservados que están y la nula cantidad de turistas que había.

Si tengo que destacar alguna de las estructuras, sería el almacén, que estaba levantado medio metro del suelo. Tenía un enorme tejado triangular. Y por otro lado, destaco el museo, lo que antiguamente fue una escuela para mujeres. Entramos a éste último y vimos muchos materiales dedicados a la producción de telas y el trabajo del campo. Incluso había una sala dedicada a los bomberos, con todos los coches desde el periodo Edo. Fue un museo muy interesante y completo.

Al salir, seguimos dando un paseo por el campo, con sus cerezos y su río. Incluso llegamos a ver cabras en una de estas casas tradicionales.
Finalmente caminamos de vuelta al festival y pasamos, otra vez, por el camino de flores de cerezo hasta regresar a la estación.
Mi viaje a Kitakami me hizo darme cuenta de que el Japón menos popular es mucho más bonito y alegre. Me dejó con muchas ganas de regresar.
Mi siguiente viaje sería a un lugar al que tenía ganas de volver:
Japón día 53: Miyajima años después

