Después de muchos días seguidos de trabajo tuve, por fin, un día de descanso. Me planteé en varias ocasiones lo de quedarme a descansar en el hotel, pero sabía que tenía que aprovechar la oportunidad y salir a descubrir lugares que quería visitar. Aquí te cuento cómo fue mi viaje a Kobe y a los cuarteles del Shinsengumi.
Camino a Kyoto
viernes, 3 de abril de 2026
Me levanté temprano por costumbre. Hasta este día no sabía bien en qué gastar mi tiempo libre. Descansar era tentador, pero aprovechar que estaba allí era una oportunidad única y no sabía cuándo se repetiría. Cuando finalmente me decidí salir, se me presentaron dos opciones: ir a Kyoto a ver lugares relacionados con el Shinsengumi o ir a Kobe a conocer la ciudad. Después de pensarlo mucho, decidí hacer la primera opción.
Me preparé y salí toda emocionada hacia Kyoto. Mi primer objetivo era conocer la casa de la familia Yagi, lugar donde nació el Shinsengumi. Nada más llegar, estaba que me subía por las paredes de la emoción. Compré sin pensarlo mi entrada con guía incluido y esperé pacientemente a que diera la hora para empezar el tour.
La casa de la familia Yagi
A las 12:00 llegó nuestro guía y nos llevó a la casa mientras nos explicaba toda la historia que tan bien conocía yo. Al principio éramos tan solo cuatro personas, pero a medida que avanzaba el tour se unían varios más hasta llegar a ser unos quince.

Nos sentó en una de las habitaciones y comenzó a relatarnos toda la historia desde el principio hasta el asesinato de Serizawa Kamo y su grupo. Nos contó cómo transcurrió todo y nos enseñó las marcas de espadas que aún eran visibles. Tengo que reconocer que me encantó la explicación y poder saber exactamente qué ocurrió aquella noche. Hubo algunos detalles que yo desconocía.
Al terminar, regresamos a la entrada donde nos dieron de comer un mochi y té matcha. Cuando me lo acabé, decidí entrar de nuevo en la casa, esta vez sola. No sé si se podía hacer o no, pero yo lo hice. Me encantó pasear por dentro sola imaginándome cómo sería la vida del Shinsengumi. Fue imposible no imaginarlos realizando algunas labores cotidianas. Lástima que no se pudieran hacer fotos.
El templo Mibudera
Al salir, fui al templo Mibudera a ver las tumbas del Shinsengumi. Allí me encontré con un gato muy dócil que llevaba puesto el uniforme del escuadrón. Tras pedir permiso, la dueña me dejó hacerle algunas fotos.

Finalmente entré al lugar de las tumbas. Volví a encontrarme con la estatua de Kondo y vi la nueva de Hijikata que habían inaugurado hacía unos años. Cuando vine por primera vez en el año 2019, no estaba. De camino aproveché para ver la tumba de Serizawa Kamo, pero como no la encontré, le pregunté a la encargada, un abuelilla muy simpática que me acompañó hasta ella. También me dijo que bajo la estatua de Kondo hay pelo real suyo. Con esto, puedo tachar la tumba de Kamo de mi lista de pendientes.
Antes de salir, pulsé el botón de la canción del Shinsengumi y me aguanté las ganas de cantar porque había más visitantes.

Más cuarteles
Al dejar atrás el templo, fui a las tiendas de alrededor para ver si encontraba algún artículo interesante. Siendo sinceros, me compraría todos los productos si por mí fuera. Delante de una de las tiendas, me encontré con otro de los cuarteles: la casa de Maekawa. Desafortunadamente, solo habría los fines de semana, así que me quedé con las ganas de ver la habitación en la que Yamanami Keisuke cometió seppuku.
Mientras estaba en la puerta leyendo el cartel informativo, un japonés comenzó a hablarme. Al parecer, me había escuchado hablar con la encargada del templo Mibudera y se interesó por mí ya que le pareció raro ver a una extranjera que hablaba japonés y conocía al Shinsengumi. Me contó que antes las tumbas estaban abiertas al público, pero que con los años las pusieron de pago. Fue una conversación corta, pero agradable.
Con este buen sabor de boca, puse rumbo al siguiente destino y, casualmente, me encontré con el templo Koen-ji donde estaba la tumba de Yamanami. No tenía ni idea de donde estaba y me sorprendió ver que se hallaba tan cerca de los cuarteles. Otra vez, para mi desgracia, estaba cerrado y no pude entrar.
Un templo espectacular
Tuve que caminar bastante hasta alcanzar el siguiente punto del día. Mi objetivo era conocer el templo Nishi Hongan-ji, una de las bases del Shinsengumi. No esperaba que fuera tan sumamente grande y que solo tuviera una entrada. Me tocó andar muchísimo para encontrar alguna puerta abierta. Lo único bueno es que al menos pude ver la puerta Karamon, con sus preciosos tallados.
He visto muchísimos templos en Japón, pero este ha sido de los que más me han sorprendido últimamente. Era gigantesco. Mucho más grande de lo que imaginaba y es que ocupa casi 10 hectáreas.

Lo primero que hice fue acercarme a la oficina de información, pero, aunque conseguí un panfleto del sitio, no mencionaba ni una sola vez al Shinsengumi. Puede ser porque los monjes realmente odiaban al escuadrón por los daños que ocasionaron al templo. Después me metí por los salones y disfruté paseando por sus increíbles pasillos. No había turistas extranjeros, solo devotos japoneses. Me dan ganas de añadir este sitio a mis rutas turísticas, porque merece totalmente la pena.
Tras disfrutar de esta gran maravilla, salí teniendo que tomar una gran decisión: volver a Osaka y descansar o irme a conocer la ciudad de Kobe. Mi parte aventurera ganó.
Descubriendo Kobe
Tras coger un bus y un largo tren, conseguí llegar a la ciudad de Kobe. Apenas sabía qué iba a visitar, solo tenía una pequeña lista que había elaborado en el camino.
Mi primer destino fue el santuario Ikuta. Aunque estoy cansada de los santuarios, este me gustó. Puede ser porque no es casi nada turístico y se puede disfrutar con calma. Había también unos cerezos alrededor con los que pude sacar fotos bonitas de la puerta. Más tarde descubrí que es uno de los más antiguos del país.

Seguí caminando pasando por el santuario Sannonmiya y la calle comercial. Apenas le eché un vistazo a esta zona porque me moría de hambre.
Hora de comer
Buscando por varias webs, recomendaban este restaurante cuya especialidad eran las misodare gyozas. La idea de comer gyozas me gustaba, así que decidí entrar.
Me encontré con un lugar extremadamente pequeño, con apenas 6 o 7 asientos. Tomé lugar y tardaron un poco en traerme el plato, unas 7 gyozas por 400 yenes. La salsa de miso estaba aparte para que le echaras al gusto. Si soy sincera, no me gustó mucho, pero creo que es porque no soy muy fan del miso. Creo que a mi pareja le hubiera encantado.

Como bien ocurre en este tipo de sitios pequeños, rápidamente me volví la atracción. Un hombre (salaryman) me empezó a hablar y me quiso invitar a gyozas para que me las llevara a casa. Tuve que rechazarlas porque me las quería regalar congeladas y yo aún tenía mucha ciudad por ver.
El Chinatown de Kobe
Muy cerca del restaurante estaba el famoso Chinatown de Kobe. No podía evitar compararlo con el de Yokohama. Este, sin duda, es mucho más pequeño, tan solo unas pocas calles. No tenía ningún templo ni grandes tiendas. Tengo que admitir no sentí esas vibras chinas que sí siento en Yokohama.

Seguí dando un paseo por aquí, llegando hasta una plaza que tenía estatuas de los doce animales del zodiaco. Desafortunadamente, estaba en obras y la mitad de las estatuas estaban tapadas. Lo único que pude hacer en esta zona fue echarle fotos a las puertas y poco más.
El puerto
Ahora solo me quedaba conocer el puerto de Kobe y el parque Meriken. Tuve que caminar un poco hasta que divisé la famosa torre que había visto en tantas fotografías. Es bonita y curiosa.

Lo que sí que no esperaba era el museo marítimo y su arquitectura. Me dejó fascinada ver esa red metálica que simula la vela de un barco. Las vistas del puerto tampoco se quedaban atrás. Impresiona ver una gran cantidad de enormes cruceros por aquí. Nunca me he montado en uno, así que me sorprenden mucho porque me hacen sentir pequeña.

Paseé un poco más por el parque, sacando la típica foto con el «BE KOBE» antes de poner rumbo a casa. Los pies me suplicaban descanso, así que decidí regresar a Osaka. El viaje de regreso fue fácil y tranquilo.
El siguiente viaje sería al norte de Japón:
Japón día 52: los cerezos en flor de Kitakami

