Mi siguiente aventura me llevaría por una ciudad conocida como «la pequeña Edo», esto se debe a que aún conserva edificios del periodo Edo (1600 – 1868) en su casco histórico.
Templos y santuarios
11 de agosto de 2019
Durante la mañana cogimos un tren hasta la prefectura de Saitama hasta llegar a Kawagoe. Debo reconocer que se me hizo el viaje un tanto largo desde Chiba.
Nuestra primera parada fue el santuario Senba Toshogu para el cual tuvimos que subir bastantes escaleras. Era bonito, especialmente su pequeño puente.
Justo al lado estaba el templo Kita-in. El edificio principal era muy simple y me pareció un tanto aburrido. Lo que más me gustó de este sitio fue su pagoda de dos pisos y sus más de 500 estatuas de piedra de los discípulos de Buda.
El castillo de Kawagoe
Seguimos paseando por la ciudad viendo algunos templos más en el camino hasta llegar al castillo de Kawagoe. No era la típica edificación de castillo japonés como el de Himeji, Matsumoto u Osaka, sino que parecía más una residencia.
No había gente por lo que pudimos pasear por su interior con tranquila y sentarnos a apreciar su jardín. Este fue uno de los lugares que más me gustaron de la ciudad.
Justo en frente del castillo estaba el santuario Miyoshino de un color rojo muy bonito.
El festival de las campanillas de viento
Muy cerca del castillo estaba el santuario Hikawa que nos recibió con su enorme torii de 15 metros de altura. Dio la casualidad de que aquí se estaba llevando a cabo un festival dedicado a las campanillas de viento. Habían creado un pasillo lleno de estas campanillas que sonaban con cada ráfaga de viento.
Había mucha gente y varios puestos de comida y juegos. Nos pasamos un buen rato viendo todo. Destaco especialmente el largo pasillo creado con ema (絵馬), unas tablillas de madera.
De todos los templos y santuarios visitados, este fue sin duda mi favorito.
La torre de la campana
Por último, visitamos su famoso barrio con edificios del periodo Edo. No sé si fue porque había muchísima gente y tráfico que se me hizo un poco artificial. Viendo ahora en retrospectiva las fotos, puedo decir que es muy bonito, pero no lo recuerdo así en persona.
Y llegamos finalmente al icono de la ciudad: la torre de la campana, construida entre los años 1624 y 1644. Esta campana suena cuatro veces al día, pero no tuve la suerte de coincidir.
Tras esto, di mi viaje por concluido.
Kawagoe no fue una ciudad que me gustara mucho. A día de hoy, en mi ranking personal, la tengo entre las posiciones más bajas. Hace ya muchos años que fui, así que me gustaría darle una segunda oportunidad en el futuro y ver si puedo llegar a enamorarme de ella.
La siguiente excursión que realizaría sí que iba a ser impresionante:
Japón día 7: escalando el Monte Fuji