El tour por Tokyo continuaba, y es que aún no habíamos visitado algunos de los lugares más importantes de la ciudad. En este día nos dedicaríamos a conocer gran parte de la historia japonesa y de sus figuras más emblemáticas. Aquí te cuento mi viaje a Shinjuku y Harajuku.
El santuario más importante de la ciudad
16 de octubre de 2025
Un día más recogía a mi grupo para seguir descubriendo los rincones de Tokyo. En esta ocasión nos dirigimos al barrio de Harajuku. Para nuestra desgracia, el tiempo no acompañaba en absoluto, pero eso no menguó nuestras ganas de viajar.
Empezamos visitando el Santuario Meiji, el santuario más importante de la ciudad. Es mucho más bonito de lo que recordaba pues hacía como cinco años que no me pasaba por allí. Es increíble el contraste que hay entre el barrio y los terrenos, pues una vez se cruza la puerta torii, es como si te teletransportaras a otro lugar mágico, cuan cuento de hadas.

Fuimos siguiendo el camino pasando por alguno de los tantos puntos emblemáticos que tiene como los barriles de sake y vino, los poemas y el torii más grande. Finalmente llegamos al salón principal donde todos se acercaron a echar algunas monedas y realizar una oración. Para nuestra fortuna, no estaba muy concurrido, tal vez por la lluvia.

El barrio de la moda juvenil
Al salir del santuario, dejó de llover y salió el sol, lo cual agradecimos. Dirigimos al grupo hacia la calle Takeshita donde les dejamos tiempo para que pudieran descubrirla por ellos mismos. Yo me dediqué a echar un paseo prestando atención a las tiendas que iba encontrándome.

Si tuviera que sacar una pega, sería que estaba a rebosar de gente. Era bastante desagradable porque no puedes pasear con tranquilidad sin llevarte aunque sea un empujón. Acabé metida en una tienda comiendo una hamburguesa.
El Godzilla de Shinjuku
Cuando conseguimos reunir de nuevo al grupo, volvimos a montarnos en la línea Yamanote dirección Shinjuku. Si tuviera que definir con un nombre la estación, sería pesadilla. Se trata de la estación más grande del mundo, pasando por ella hasta 4 millones de personas al día. Cada vez que salgo de ella siento alivio.

El primer punto que visitamos al salir, fue la calle Omoide Yokocho. Un callejón repleto de pequeños bares con apenas cinco taburetes donde sentarte. Resulta un lugar muy fotogénico, pero agobiante como esté lleno de gente. Tampoco es un lugar que recomiende para comer pues te cobran una tarifa por tan solo sentarte.
A partir de este punto, el grupo se dividió en dos. Los que querían comer y los que querían seguir descubriendo el barrio. A mí me tocó quedarme con el primer grupo a quienes llevé a comer sushi. Al terminar, sí que hicimos un poco de turismo. Nos pasamos por el barrio de Kabuki-cho para ver la Cabeza de Godzilla.

Como el grupo tenía que coger el tren bala dirección Kyoto, tuvimos que darnos un poco de prisa y volver pronto al hotel a recoger las maletas. Fue todo rápido. Cogieron sus cosas y llegaron a tiempo a la salida del tren. Así terminaría mi viaje a Shinjuku.
El siguiente viaje lo haría a una parte de Tokyo que nunca antes había visitado:
Japón día 46: el mercado de Toyosu

