El festival del Tanabata es uno de los festivales más famosos de Japón. El de Hiratsuka es especialmente conocido pues es de los más importantes. Por fin me aventuraba a conocerlo y de camino aprovechar para conocer la ciudad. Aquí te cuento mi viaje a Hiratsuka.
Vamos a Hiratsuka
6 de julio de 2025
Después de terminar mi clase de español, mi pareja y yo cogimos un tren con dirección a Hiratsuka. Él estaba especialmente emocionado porque había pasado su infancia viviendo en esa ciudad. Para mí era la primera vez.
Nada más bajarnos del tren se podía respirar ese aire típico de los festivales de verano (matsuri) japoneses. Las calles enteras estaban llenas de puestos de comida y de actividades. Lo malo es que también estaba lleno de gente. Lo primero que hicimos fue comprarnos un delicioso takoyaki en uno de los puestos para empezar la aventura con la barriga llena.

Fuimos paseando por la calle principal que estaba decorada con los adornos típicos de esta festividad, unas serpentinas de colores. Estaba realmente preciosa. Sin embargo, me gustó más ver a mi pareja emocionado hablándome de las tiendas que solía visitar cuando era niño.
Nos recorrimos toda la calle aun con el horrible calor que hacía. Creo que llegamos a ver todos los puestos que montaron.
Haciendo turismo
Finalmente decidimos salir del bullicio y adentrarnos en la ciudad, donde la fiesta pareció desaparecer. Primero nos pasamos por el parque Hachimanyama a visitar el interior de la casa de estilo occidental de Hachimanyama. No me pareció gran cosa. El exterior rosado es muy bonito, pero el interior me resultó soso y vacío. No sé porqué me recordaba a la casa de mi abuela. Me resultó un tanto chocante ver cómo las japonesas no paraban de hacerse fotos dentro. Supongo que si visitaran una casa antigua andaluza les explotaría la cabeza.

Allí estuvimos conversando con uno de los trabajadores y sobre cómo había cambiado la ciudad con los años, pues este sitio no existía cuando mi pareja vivía aquí. Luego nos pasamos por el colegio de primaria de mi pareja. No paró de contarme anécdotas de cuando era niño.
Cerca de la escuela estaba el museo de la ciudad, de entrada gratuita. Por fuera había una locomotora de vapor, la más grande de los Ferrocarriles Nacionales Japoneses. Dentro del museo tenían una casa prehistórica montada dentro. También muchos escaparates donde uno podía observar cómo era la vida en la edad de piedra.

En la planta superior tenían las mandíbulas de un megalodón, uno podría llegar a comerme de un solo bocado, es aterrador solo de pensarlo. En la tercera planta había un planetario, pero llegamos demasiado tarde para ver la exhibición.

Hora de comer
Se nos hizo bastante tarde, ya eran casi las 16:30, así que decidimos irnos a comer antes de separarnos. Encontramos abierto este sitio donde nos pedimos hiyashi chuka cada uno. No soy muy fan de esta comida, solo la había probado en bentos, pero tuve que reconocer que estaba muy bueno. Nos pusimos a hablar también con el dueño chino que fue muy simpático con nosotros.

Llegados a este punto mi pareja y yo teníamos ideas contrarias. Él quería seguir disfrutando del festival, mientras que yo quería seguir visitando algunos puntos turísticos más. Así que tomamos la decisión de que cada uno fuera por su cuenta.
El jardín de flores
Yo comencé mi larga travesía andando hacia el río Sagami. Como iba con la música y siempre en la sombra, se me hizo muy llevadero. Mi objetivo era visitar el Jardín de flores de ISIX Banyu. Había visto fotos preciosas del lugar, pero al llegar resultó ser decepcionante. Apenas había esas flores que veía en internet.

Aunque acabé desilusionada, reconozco que la parte del río sí que mereció la pena. Habían construido un camino perfecto para dar paseos. A lo lejos veías a gente con motos de agua y al otro lado, partidos de fútbol. Si viviera en esta ciudad creo que me pasaría a menudo por aquí.
Cuando me sentí satisfecha, emprendí mi camino de vuelta, esta vez perdiéndome entre las calles.
Disfrutando del festival de las estrellas
Cuando volví a encontrarme con mi pareja me invitó a comer un Taiwan mazesoba. A él le encanta, pero yo nunca antes lo había probado. Tengo que reconocer que estaba muy bueno.

Nos pusimos a buscar información sobre este plato que resulta que nada tiene que ver con Taiwán salvo el nombre. Es un plato típico de Nagoya.
Tras ello comenzó a anochecer. Echamos las últimas horas comiendo chocobanana y disfrutando del encendido de las luces de las decoraciones. Reconozco que se ponían realmente bonitas.

Con estas bellas imágenes acabaría mi viaje a Hiratsuka. Una ciudad de la que solo conocía el festival, pero que resultó ser mucho más acogedora de lo que esperaba.
Mis siguientes viajes serían por la ciudad de Tokyo:
Japón día 43: Ueno y Shibuya

