Había viajado a muchos lugares desconocidos para los turistas por Japón, pero creo que Nagareyama es sin duda la que más pasa desapercibida. Aquí te cuento cómo fue mi viaje a Nagareyama.
Llego a Nagareyama
7 de enero de 2023
Estuve a punto de cancelar este viaje la noche anterior porque me salpicó bastante aceite hirviendo en la pierna y casi no podía andar. Mis ganas de empezar bien el año me animaron a no dejarlo, así que al día siguiente, cogí un tren camino a Nagareyama.
Cogí el tren de la empresa Ryūtetsu la cual solo tiene esta línea de apenas 5,7 kilómetros. No pude usar la suica, así que me tocó comprar un ticket a la antigua usanza. Una vez me bajé en la estación de Nagareyama, no había nadie y así sería durante casi todo el viaje.
Lo primero que hice fue pasar por el Nagareyama Street Museum, un museo al aire libre donde pude ver la etiqueta mirin más antigua de Nagareyama.

Paseo por el río Edo
Mi siguiente destino fue el río Edo, estuve caminando hacia el sur siguiendo su curso. Me hubiera encantado haberlo visto con un verde exuberante en verano porque parecía sacado directamente de un anime.

Por aquí me crucé a varios locales haciendo footing. Reconozco que, aunque estábamos en invierno, hacía una temperatura muy agradable.
Antes de llegar al primer punto principal hice una breve parada en el templo Ryusanji, un templo budista muy moderno. No me gustó mucho, no sé si por su apariencia, pero me sentía como fuera de lugar.

El santuario de la shimenawa
Justo al lado del anterior templo estaba el santuario Akagi. En su entrada tenían colgada una enorme shimenawa, es de decir, una cuerda sagrada muy típicas del sintoísmo. Daba la sensación de que era ligera, aunque pesara unos 500 kilos.

El resto de santuario es simplemente bonito, con su salón principal en la cima del pequeño monte cubierto de árboles. La razón por lo que lo visité no fue su shimenawa, sino porque dentro de sus terrenos estaba el Templo Koumyouin, que alojó a las tropas del Shinsengumi en 1868, y tenía una placa dedicada a ellos.
Muy cerca estaba la casa conmemorativa de Issa y Soju, con un precioso jardín zen de entrada gratuita. Lo mejor de que no haya turismo en esta ciudad es que pude estar prácticamente sola en este lugar.

El museo del caleidoscopio
Continué mi camino haciendo una breve visita al templo Chouryuu con su enorme árbol ginkgo de 5,5 metros de altura.
La siguiente parada jamás creí que fuera a gustarme tanto como lo hizo: el museo del caleidoscopio. Se trata de una pequeña galería/museo que funciona también como tienda. En su interior, aunque pequeño, pude ver piezas de valor incalculable. Caleidoscopios de formas extrañas y nada comunes como casas, joyas,… Fue una de las grandes sorpresas de Nagareyama.

Justo al lado estaba el Salón de Enma que no parecía nada un templo, sino una vivienda privada. Si no hubiera sido por los carteles y porque tras las ventanas se veía el altar para rezar, hubiera creído que había allanado una casa.
El Shinsengumi y Nagareyama
Finalmente llegué a la razón de mi viaje: conocer el lugar donde se separaron Kondo Isami y Hijikata Toshizo, poniendo fin a la relación de Kondo con el Shinsengumi. En este sitio había enorme placa conmemorativa y un panel informativo sobre la relación de la ciudad con esta fuerza policial.

Para muchos este lugar no significa nada, es más, es un lugar que se pasaría por alto, pero para mí tenía un profundo significado. Aquí fue cuando me alegré de no haber cancelado el viaje la noche anterior.
Después de este sitio visité otros lugares religiosos más como el templo Jouyoji y el santuario Sengen, este último tenía en la parte trasera un Fujizuka (富士塚), un pequeño monte que representa el Monte Fuji. Subí hasta arriba esperando observar el verdadero Monte Fuji, pero no vi nada.

Hora de comer y el museo de la ciudad
Tras esto ya me había dado el mediodía, así que hice una paradita para comer. Acabé en este sitio de comida japonesa. Un restaurante de la era Showa (1926 – 1989). Me pedí un menú del día que venía con sopa de miso, croquetas japonesas (pudiendo elegir), arroz, sashimi, tofu y verduras.
PD: escribiendo esto me acabo de enterar de que el restaurante cerró en febrero de 2024.

Con la barriguita llena puse dirección al Museo de la Ciudad de entrada gratuita. Reconozco que estaba muy completo con muchas exhibiciones, maquetas y utensilios de todas las épocas. Aunque la razón de mi visita fue ver las escaleras originales por las que subieron y bajaron tanto Kondo Isami como Hijikata Toshizo. Lo malo del museo es que no está en inglés.

Hacia el santuario Suwa
Antes de comenzar una larga caminata, hice una pequeña pausa para ver el santuario Osugi. Para este momento reconozco que ya estaba un tanto casada de tanto santuario y templo porque todos me parecieron iguales.
Después, me embarqué en una caminata de 50 minutos hacia el santuario Suwa. Una de las razones por las que fui a verlo, a pesar de la distancia, es que me pillaba mejor a la hora de volver a mi casa. El trayecto se me hizo relativamente corto.
Cuando finalmente llegué al santuario, descubrí que estaba lleno de gente, todos japoneses que habían ido a pedir por un buen año. El santuario era enorme, con un montón de pequeños santuarios y estatuas. Fue el santuario que más me sorprendió y más me gustó.

Tras esto, agotada, le puse fin a mi viaje a Nagareyama.
Mi siguiente viaje sería muchísimo más sorprendente y completo:
Japón día 33: la increíble Utsunomiya

