Italia día 4: el centro histórico de Florencia

Basílica de la Santa Cruz de Florencia

En mi cuarto día recorriendo la preciosa Italia, me tocaba cambiar de ciudad. Dejamos atrás Roma y nos trasladamos a una de las ciudades más bonitas del mundo. Aquí te cuento cómo fue mi viaje a Florencia.

Viaje en tren

martes, 13 de enero de 2026

Nos levantamos temprano y terminamos de recoger nuestras cosas para despedirnos del hotel (para fortuna de mi hermana quien acabó odiándolo). Durante el primer día compramos una tarjeta multiusos para usar el metro y los buses, ya que tenía planeado coger un bus este día que nos llevara a la estación de trenes Termini.

Había visto demasiados vídeos en las redes sociales de gente a la que le habían multado porque no sabían cómo pagar el transporte. Así que lo primero que hicimos nada más subir, fue buscar la máquina para validar los billetes. Con la ayuda de una señora italiana, lo conseguimos y ya pudimos sentarnos tranquilamente.

Cuando buscaba alojamientos en Roma, vi que los que había cerca de la estación eran lo más baratos, pero también leí que era un sitio un poco peligroso por la noche. Mi hermana y yo dimos fe de que no era, durante el día, un lugar en el que te sintieras muy segura. Me alegro de haber pagado un poco más y habernos ido al pleno centro. La plaza Navona fue todo un acierto.

Una vez en la estación, buscamos una máquina para comprar los billetes de tres sin éxito. Al final acabé comprándolos por internet a través de esta web. Rápido y sencillo. Con billetes en mano, nos metimos en las vías y dimos con el que nos llevaba a Florencia. Tengo que reconocer que me gustaron mucho los trenes en Italia.

Llegamos a Florencia

Tras una hora y media de trayecto, donde pasamos por un montón de túneles de los que te taponan los oídos, llegamos a Florencia. Lo primero que captó mi atención fue que aquí había muchísimos inmigrantes. No turistas, sino residentes. En Roma no habíamos visto a casi ninguno y aquí solo veíamos esto. Es algo que notaría tanto en Florencia como en Pisa al día siguiente.

Con las mochilas cargando, fuimos hasta el hotel que se encontraba un poco lejos del centro. El alojamiento, afortunadamente, era un hostal muy moderno con un montón de instalaciones. Dejamos el equipaje y nos fuimos a conocer Florencia.

Tras callejear un rato, dimos con posiblemente una de las catedrales más bonitas que he visto en mi vida.
Había visto fotos y había leído muchos comentarios, así que como mis expectativas estaban por las nubes, no esperaba que fuera a sorprenderme. Cuan equivocada estaba.

Catedral de Santa María del Fiore de Florencia
Catedral de Santa María del Fiore

Decir que la Catedral de Santa María del Fiore es preciosa es quedarse corta. Es una maravilla. Llena de detalles. No quería bajar la mirada, me quedé contemplándola como una boba mientras mi hermana tiraba de mí.

Cualquiera pensaría que al ser tan bella por fuera, por dentro sería incluso más, especialmente tras la buena racha que llevábamos de Roma. Aprovechando que el interior era gratis, hicimos cola ilusionadas, pero al entrar fue una decepción total. Es sosa, aburrida y austera. Me esperaba algo más.

Decepcionadas, salimos fuera donde empezó a chispear un poco. Yo me pasé otro rato contemplándola desde fuera. Si hubiera sido bonita por dentro, hubiera estado casi en el top uno de mis catedrales favoritas del mundo entero.

Hora de la comida

A estas alturas del día estábamos hambrientas. Buscamos un lugar para comer y como nos habíamos quedado con ganas de probar la focaccia en Roma, decidimos buscar algo parecido aquí.

Dimos con este sitio donde sirven la schiacciata (la focaccia de la Toscana). Yo me pedí la clásica de prosciutto, crema de queso y rúcula por 7€. Con la comida en mano, fuimos hasta la Plaza de la Señoría. Allí nos sentamos y nos refugiamos de la lluvia. Nos comimos las schiacciatas que estaban muy buenas, especialmente el pan, mientras las palomas se peleaban por las migas que caían.

Schiacciata en Florencia
Schiacciata de prosciutto, crema de queso y rúcula

Con las barriguitas llenas, nos dimos una vuelta para observar algunas de las estatuas que se exponen en la plaza. Son todas increíbles con tantos detalles que hasta parecen reales.

Visto que empezaba a llover más fuerte, decidimos meternos en el Palazzo Vecchio, en las salas gratuitas de la planta baja. Pudimos observar algo de su arquitectura y ver varias obras en un pequeño museo, Huellas de Florencia, donde no había nadie. Me encantó ver los cuadros antiguos que plasmaban la ciudad.

Plaza de la Señoría de Florencia
Plaza de la Señoría

Perdiéndonos por las calles

El tiempo no parecía querer mejorar, así que no nos quedó más remedio que seguir conociendo Florencia bajo la lluvia que, afortunadamente, era ligera. Caminamos por algunas calles hasta que dimos a parar con la Basílica de la Santa Cruz. Su diseño exterior me gustó porque se parecía tanto a otras iglesias que había visto. Los lugares de culto de Florencia me resultan muy especiales y únicos.

Basílica de la Santa Cruz de Florencia
Basílica de la Santa Cruz

Nos acercamos a la entrada para ver si podíamos pasar, pero descubrimos que costaba 10€. Entre que hasta ahora todas habían sido gratis y tras la decepción de interior de la Catedral de Santa María del Fiore, no nos apetecía nada entrar.

Nos acercamos al río Arno y nos asomamos por el Ponte alle Grazie. Desde aquí se veía todo alrededor cubierto de niebla. Tenía intención de subir al mirador de la plaza Michelangelo, pero es que sabía que iba a ser una pérdida de tiempo.

Decidimos regresar porque también teníamos mucho frío. Volvimos a pasar por la Catedral y volví a maravillarme con ella. Aprovechamos para comprar algunos dulces porque la bollería italiana está deliciosa. También vimos algunas ventanas de vino. Hubiera estado gracioso haber visto alguna en funcionamiento.

Ventana de vino en Florencia
Ventana de vino

Regresamos al hotel e hicimos el check-in. Yo me quedé allí durmiendo y mi hermana decidió salir a dar un paseo sola. Cuando regresó me mostró fotos y me habló de lo que había visitado. Especialmente le sorprendió una iglesia rusa que teníamos cerca del hotel.

Nos acostamos temprano porque al día siguiente íbamos a visitar la famosa torre de Pisa:
Italia día 5: la torre inclinada de Pisa

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