Hacía unos meses había estado apenas una hora en Ronda por un trasbordo en bus, lo poquito que vi de este pueblo me hizo desear volver. Tiempo después lo haría con unos amigos en lo que sería una de las mejores escapadas de mi vida. Aquí te cuento mi viaje a Ronda.
El Castillo de las Aguzaderas
1 de octubre de 2017
Junto con unos amigos partimos temprano de Sevilla con destino Ronda. Nos esperaba un día muy completo pues íbamos a hacer varias paradas en el camino. La primera de ellas fue el Castillo de las Aguzaderas a unos 40 minutos desde la ciudad. Se trata de un castillo que se encuentra cerca del pueblo de El Coronil. A simple vista parece estar en mitad del campo.

Es un castillo que parece bien conservado, pero se encuentra muy abandonado. La entrada es gratuita y puedes moverte por todo el castillo con libertad. A mis amigos y a mí nos encantó. Allí conocimos a un hombre que nos habló de los problemas de mantenimiento de castillo y cómo nadie hacía nada para preservarlo. De eso hace ya muchos años, me preguntó cuál será su situación actual.
Las Ruinas de Acinipo
El siguiente destino fue otro situado en mitad de la nada, en este caso, a 999 metros sobre el nivel del mar. Se trata de las ruinas de una antigua ciudad romana: Acinipo. Queda poquísimo de los restos, pero aún destaca su teatro. Las vistas desde allí era increíbles pues te hacían sentir como un rey. Al igual que con el castillo, era de entrada gratuita y apenas había turistas.

Los miradores de Ronda
Cerca del mediodía llegamos a Ronda. Lo primero que hicimos fue comernos los bocatas que habíamos traído y después asomarnos por su balcón tras atravesar la Alameda del Tajo. Si las vistas en Acinipo eran impresionantes, las de Ronda quitan el hipo. Se tiene unas vistas de toda la sierra y la campiña. Cuesta creer que el pueblo se eleve a tantísima altura y esté construido en un precipicio. Nos echamos unas fotos espectaculares desde el mirador del coño.

Después de eso, nos acercamos hasta su Puente Nuevo. Una construcción que, para mi gusto, debería entrar en la lista de las maravillas del mundo. Fue en su momento el puente más alto del mundo con una altura de 98 metros. Es realmente imponente. En las fotos casi no se puede apreciar su grandeza, ya que no es solamente su altura, sino dónde se encuentra.
Tras cruzar el puente (que por cierto, no es tan impresionante cruzarlo como verlo desde abajo), nos encontramos con el Mirador de Aldehuela que da a la parte contraria donde se puede ver mejor el tajo.

Cruzando el puente por abajo
Si algo nos caracteriza a mis amigos y a mí es que nos encanta meternos donde sea. Primero, atravesamos el pueblo hasta llegar al mirador del puente. Allí nos echamos la foto del grupo y luego, decidimos adentrarnos por debajo. Si ya de por sí impresionaba mirarlo desde arriba, desde abajo, en el tajo, es incluso aún más fascinante porque aprecias mejor su altura.

Estuvimos caminando un rato por el tajo y un par de mis amigos decidieron incluso cruzar el puente por debajo, aunque según ellos no veían nada y tampoco pudieron avanzar mucho. Debo destacar que cuando fuimos nosotros, el río estaba muy seco, así que podías caminar por encima sin problemas.
La Cueva del Gato
Antes de que se nos hiciera de noche, fuimos a la última parada del viaje: la Cueva del Gato. Se trata de uno de los sistemas espeleológicos más complejos de Andalucía y también monumento natural de la comunidad. Nosotros apenas entramos en la parte de la cueva, nos entretuvimos con la piscina natural que hay justo delante.

Recuerdo que el agua estaba muy fría y que tenía un color azul verdoso precioso. Fue muy relajante sentarse allí tras el largo día que habíamos tenido. A las 19:00 decidimos volver a Sevilla dando por finalizado mi viaje a Ronda.
La próxima escapada volvería a ser por Andalucía, exactamente por la provincia de Huelva:
España día 6: Santiponce y Aracena

