China día 4: los guerreros de terracota

Guerrero de terracota de Xi'an

Si os soy sincera, conocí muy tarde a los Guerreros de Terracota. Nunca antes había oído hablar de ellos, pero desde la primera vez supe que quería verlos con mis propios ojos. Por ello viajé a la ciudad de Xi’an. Aquí te cuento cómo fue mi visita a los guerreros de terracota.

Llegué a Xi’an

7 de marzo de 2025

Recordemos que en la entrada anterior os comenté que había cogido un tren nocturno desde Pekín con destino Xi’an. A lo largo de la noche me fui despertando en algunas ocasiones, no sé porqué, seguramente los nervios del viaje. A las 7, encendieron las luces y desde ese momento ya no pude volver a dormir. Me quedé dando vueltas esperando llegar a mi destino. Llegamos puntuales, a las 8:30, al bajar de la litera no tuve problemas. Cogí mis cosas y salí fuera.

Nada más abandonar la estación, tuve en frente la famosa muralla de Xi’an que se extendía más allá de donde alcanzaba la vista. Era realmente espectacular. Antes de ir al hotel, decidí pasarme por la puerta norte porque no estaba segura de si podría verla al día siguiente. Fui caminando paralela a la muralla. Como estaba nublado, el paisaje, con los muros grises, los árboles secos y cielo blanco, me recordó muchísimo a Irlanda. Finalmente llegué a la puerta de entrada. Era, como todo en China a estas alturas, gigantesca. Las puertas de Corea, como las de Seúl o Suwon, se quedan enanas a comparación.

Puerta norte de la muralla de Xi'an
Puerta norte de la muralla de Xi’an

Tras echar algunas fotos, cogí el metro y llegué a mi hotel a las 10. Como pensaba que no me iban a dejar hacer el check-in tan pronto, fui a dejar las maletas y pedir usar el baño, pero, para mí sorpresa, me dejaron hacer el check-in y pude entrar en mi habitación. En cuanto al hotel era una pasada. Parecía uno de lujo con cientos de servicios. La habitación tampoco se quedaba atrás. Un baño muy apañado con ducha y bañera, dos camas, armario, sillones,… Una encargada me acompañó hasta mi habitación y me explicó todo lo que necesitaba saber. Nunca antes había estado en un hotel como este. Comí algunos dulces y decidí salir a ver los famosos guerreros de terracota.

El Mausoleo del Emperador Qin Shi Huang

Cogí el metro durante casi una hora y luego cambié a un autobús urbano que me dejó en las puertas. Lo primero que decidí ver fue el Mausoleo, quería dejarme la armada para el final. Lo que no sabía era que los terrenos son infinitos. Como buena mochilera, decidí no optar por los autobuses que te llevan hasta los puntos principales. En su lugar fui andando. Fue un poco caótico porque aunque andaba y andaba y no veía nada. Es más, ni siquiera veía indicaciones que me dijeran por donde ir. Tras andar en torno a veinte minutos, llegué al primer pabellón. Allí estaba excavada una parte del mausoleo con algunas estatuas de terracota. Esta sección se encontraba casi vacía de gente, me imaginaba que casi todo el mundo se quedaba solo en los guerreros.

Carruaje del Museo del Mausoleo del Emperador Qin Shi Huang de Xi'an
Carruaje del Museo del Mausoleo del Emperador Qin Shi Huang

Lo siguiente que vi fue el museo. Estaba muy completo, con algunas estatuas de bronce. Te hablan sobre la excavaciones y sobre el emperador. Al terminar de verlo todo, decidí poner rumbo por fin a los guerreros. Caminé otra vez unos 20 minutos hasta la salida y busqué el autobús lanzadera gratuito que te lleva del mausoleo a los guerreros. No hay ni una sola indicación en inglés sobre esto. Ni siquiera una imagen o algo intuitivo. Pude saber cuál era ese bus porque pude leer los caracteres de un cartel. Por suerte os dejo señalado el punto exacto en el mapa de la guía de Xi’an.

Fideos biang biang en Xi'an
Fideos biang biang

Viendo que había mucha cola para subir al bus, decidí primero ir comer. Al salir del mausoleo hay muchísimas tiendas y restaurantes donde elegir. Acabé en este restaurante donde me pedí los fideos del carácter imposible (𰻝𰻝面). No tenía ni idea de a qué sabía, yo solo recordé el día en que lo estudié en la universidad cuando le preguntamos al profesor de chino cuál era el carácter más difícil. Respecto al plato, era un sabor avinagrado. Los fideos eran blandos y resbaladizos. Desafortunadamente no tenía mucho sabor. Tal vez con picante mejora bastante (me lo pedí sin él).

Los Guerreros de Terracota

Con la tripita llena, me fui al autobús que acababa de llegar y me planté finalmente donde los guerreros. No os podéis ni imaginar la inmensa cantidad de gente que había aquí. Yo creía que como eran pasadas las tres de la tarde no habría mucha gente. Fui una ilusa. Lo único bueno fue que no tuve que hacer mucha cola. La fila de extranjeros era muy corta.

Mi primera parada fue el pabellón principal donde me preparé para presenciar la octava maravilla del mundo. Sin embargo, lo que me encontré fue con cientos de cabezas que no me dejaban ver. Recuerdo que lo vi antes a través de mi móvil que por mis propios ojos.

Cuando conseguí hacerme un hueco, no os podéis hacer ni una idea de lo espectacular que fue. Miles de soldados de terracota uno tras de otro. Fue increíble. Uno siempre piensa en lo grande que puede ser esto cuando lo ve en fotos, pero no es capaz de apreciarlo hasta que no lo tiene delante.

Guerreros de terracota de Xi'an
Guerreros de terracota

Fui también paseando por los laterales viendo las obras de reparación de los guerreros. El siguiente pabellón son excavaciones que aún se están llevando a cabo. Cualquiera pensaría que ya no hay nada más que excavar, pero la verdad es que aún se siguen encontrando reliquias bajo la tierra. En este pabellón hay algunos guerreros expuestos en vitrinas a los que puedes observar desde muy cerca. Lo único malo son los empujones que te dan cuando intentas verlo tranquila.

Guerrero de terracota de Xi'an
Guerrero de terracota

El tercer pabellón está dedicado a la historia. Hablan también del color que poseen los guerreros cuando se excavan por primera vez. Mientras que el cuarto pabellón es un museo un poco raro ya que está dedicado a las conexiones de China a lo largo de la historia con la cultura sumeria y griega del medio oriente. Con esto terminé mi visita. Salí atravesando una zona comercial llena de tiendas y restaurantes, y cogí un bus que me dejó en una parada de metro y desde allí cogí un par más hasta llegar a mi hotel.

Paseo nocturno

En el hotel descansé un buen rato y cuando recuperé un poco las energías fui a probar una de las especialidades de esta ciudad: la hamburguesa china, también conocida como Roujiamo (肉夾饃). Acabé en este restaurante cerca de mi hotel. La hamburguesa no estaba mal, pero tampoco fue algo como para tirar cohetes. Muy recomendable, eso sí. La carne está bien cocinada, con mucho sabor y con un pan crujientito.

Roujiamo en Xi'an
Roujiamo

Con la barriga llena decidí pasear un poco y ver las torres de la Campana y el Tambor. Las dos eran enormes y quedaban preciosas iluminadas, especialmente la del Tambor. Son mucho más grandes y bonitas que las de Pekín. Me sorprendió ver la cantidad de fotógrafos independientes que se ofrecen a sacarte una foto e imprimírtela allí mismo.

Torre de la Campana de Xi'an
Torre de la Campana de Xi’an

Justo detrás de la torre del tambor se encuentra la calle musulmana que estaba a rebosar de gente. Como no quería caminar mucho, decidí descubrirla al día siguiente con más calma. Dicho esto, volví al hotel donde puse una lavadora con tranquilidad, me duché y me fui a la cama super cansada.

Al día siguiente tocaba descubrir la muralla de Xi’an:
China día 5: la muralla de Xi’an

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