La ciudad de Pekín cuenta con muchos monumentos emblemáticos, pero si hay uno que ha destacado mucho es el Templo del Cielo. Jamás creí que un lugar como este encabezara mi ranking de esta ciudad. Aquí te cuento cómo fue mi visita al Templo de Cielo.
El Templo del Cielo
6 de marzo de 2025
Aunque me desperté en torno a las 6 de la mañana, me obligué a dormir hasta mucho más tarde. En un principio tenía intención de ir al Palacio de Verano, pero había visto fotos y vídeos, y en invierno no era tan bonito como en primavera o verano. Así que decidí no visitarlo. A cambio, apuré hasta el último momento el hotel.
Me lo tomé con calma y salí finalmente a las 12:00. Mis planes eran conocer el famoso Templo del Cielo y pasear por Pekín. Cogí un bus que me dejó en la misma puerta y compré mi entrada sin problemas por 28 yuanes. Algo que había notado era que siempre era la única extranjera en el transporte público, aunque en las atracciones me encontrara a extranjeros. Parecía que todos vienen en tours a China y eso que me parece un país súper fácil para moverse.
El parque que rodea el templo es realmente hermoso. Tiene miles de árboles que parecen crear un bosque frondoso. Me paseé por varias exhibiciones donde exponían reliquias encontradas en el templo. Muchas de ellas eran muy bonitas, aunque es una pena que todas las explicaciones estuvieran solo en chino. Finalmente llegué a la zona del templo. Pasé la entrada (que fue la única en la que no me hicieron un control de seguridad) y tenía ante mí uno de los mejores sitios de todo Pekín.

El Templo del Cielo era gigantesco, mucho más grande de lo que parecía en fotos. Me quedé sin palabras. Rápidamente comencé a sacar miles de fotos. Creo que tengo más fotos de esto que de la Gran Muralla. Le pedí a unas chinas si me podían sacar una fotos y luego yo les eché otras a ellas. Al final acabaron echándose ellas fotos conmigo. Creo que es ya la tercera vez que me pasa.
Me paseé por todo el lugar sin querer irme de allí. Cuando finalmente lo hice, me giraba a cada rato para seguir apreciando el templo.
Comiendo rico y mirando tiendas
Fui a la parte del altar, y aunque no era tan impresionante, igualmente te deja boquiabierto. Es increíble cómo antiguamente en este país construían todo a lo grande. Me intentaba imaginar cómo sería reunir a todo un ejército allí.
Me hubiera gustado probar lo de girar en el centro del altar como hacían todos, pero había cola y no quería perder mucho tiempo así. Cómo me moría de hambre decidí salir por donde había entrado, y acabé recorriendo casi un kilómetro hasta llegar a la salida. El parque es precioso, pero gigantesco.

Encontré este restaurante y acabé pidiéndome un arroz frito, un clásico de la comida china, tras mucho pelear porque no me iba la aplicación de la tienda para pedir y pagar. Me pusieron un plato enorme que me costó acabarme. Estaba muy bueno. Junto con los xiaolongbao, el mejor plato que había probado.

Con la barriga a punto de explotar, decidí salir a descubrir Pekín. Lo que no sabía era que justo cerca estaba el Mercado de la Plata. Lo descubrí de casualidad, así que decidí entrar a ver cómo era por dentro. En la planta baja estaba lleno de tiendas de electrónica. Todos los vendedores atentos para intentar venderte algo. Listos para regatear. La segunda planta tenía productos variados y a partir de la tercera era todo joyería. Como no me gusta regatear (y menos en otro idioma), no compré nada.

Paseando por Pekín
Tras eso, pasé como dos horas caminando por Pekín hasta llegar a una calle comercial cerca de la Ciudad Prohibida. Sinceramente, Pekín es mucho más limpia de lo que imaginaba. También muy segura. Las calles están llenas de policías. Veo además que aquí se vive un estilo de vida relajado. Cuando comenzaron a dolerme los pies, paré en un McDonald’s tomando un postrecito mientras observaba la ciudad desde la ventana. Otra de las cosas que me han llamado la atención durante mi viaje es que no hay rascacielos aquí, al menos no en esta zona.
Tras una hora de relax, decidí poner rumbo al hotel a recoger mi maleta porque por la noche salía mi tren nocturno con dirección Xi’an. Los del hotel fueron un encanto, me dejaron quedarme en las zonas comunes donde pude ponerme ropa cómoda, cargar el móvil y comer snacks gratuitos. Al llegar la hora, cogí un tren con dirección la estación de trenes del oeste.
Tren nocturno
Llegué a las 20:00 y empecé a preocuparme porque había leído que tenías que estar casi una hora antes porque era difícil encontrar tu tren. Lo sorprendente es que en quince minutos ya estaba en mi vagón. Reconozco que la estación es difícil y casi no ponen información en inglés, pero sabiendo el código del tren, es muy fácil saber desde donde sale.
Me había tocado la litera de arriba y reconozco que me asusté bastante, era altísima. No podía ni alcanzarla con la mano. Tuve que tirar mis mochilas con fuerza y, con la ayuda de los que serían mis compañeros de cabina, subir. Una vez arriba me prometí no bajar hasta llegar a mi destino.

La litera era de cama dura, pero para alguien como yo que duerme en un futón, me pareció cómoda. Estaba todo limpio y la parte de arriba tenía su espacio para el equipaje. Tenía una almohada gordita, sábanas calentitas, puerto USB para cargar el móvil y luz. Lo mejor es que tenía el aire acondicionado justo delante, lo que me hizo dormir de maravilla.
Salimos puntuales, a las 20:30, y no me di cuenta de ello hasta que noté un ligero balanceo que pensaba que era yo la que estaba mareada. El tren era super cómodo, sin apenas vibraciones o ruidos. A las 22:00 apagaron las luces y decidí irme a dormir. En el vagón se hizo un silencio sepulcral, cuando hacía poco estaban todos de pie con los fideos de un lado para otro. Reconozco que fue una muy buena noche. Una experiencia de diez que estaré encantada de repetir en un futuro.
Cuando me despertara estaría ya en mi siguiente destino:
China día 4: los guerreros de terracota

