China día 1: la Ciudad Prohibida de Pekín

Hombre haciendo malabares con carioca delante de la Torre de la Campana de Pekín

Después de ser un eterno pendiente en mi lista de países que quiero visitar, decidí aventurarme en un viaje en solitario por China. No tenía ni idea de lo que me deparaba, pero fui con la idea de ver y disfrutar todo lo que pudiera. En esta entrada te hablaré del primer día, de mi viaje a Pekín.

La llegada

3 de marzo de 2025

Después de muchísimos años soñando con visitar este país, después de haber estudiado su idioma, cultura e historia, iba a poder conocerlo. El día de partida fue largo para mí porque a las 6 de la mañana entré a trabajar, pero al salir, fui con calma al aeropuerto y abordé sin problema. Sin embargo, no todo fue fluido, cuando hacía el check-in en el mostrador, me asusté bastante porque preguntaron si tenía visado y tras tener que esperar un buen rato, me confirmaron que no había problemas. Parecía que los trabajadores no sabían que los españoles podemos entrar sin visado.

Llegamos media hora antes de lo previsto a China y los controles fueron rápidos. Éramos pocos extranjeros en el avión. Bajé hasta la zona de los autobuses y me compré un billete con destino la estación de trenes de Pekín por 30 yuanes. De manera puntual saldría a las 22:30 y llegaría a las 23:10 a mi destino.

Llegué a mi hotel donde realicé el check-in sin problemas (me sorprendió que me pasaran un detector de metales por las mochilas, aunque vería que es algo rutinario en este país) y llegué a mi habitación donde me esperaban unos snacks de regalo. Poco después me dormí.

Problemas en la plaza Tiananmen

4 de marzo de 2025

Me despierto con migraña a las 5, así que me tomo una pastilla, hago tiempo y me vuelvo a dormir hasta las 8. Un comienzo bastante desagradable. Cuando me levanté, me fui a comprar algo para desayunar y fui al metro para coger la línea 1 con destino la plaza de Tiananmen. Nada más llegar a la entrada del metro, veo un control de seguridad como el de los aeropuertos. No me quiero ni imaginar si se hiciera algo así en Japón en horas puntas. Tras pasar, saqué mi móvil con Alipay y probé por fin cómo funcionaba. Elegí la ciudad, creé una tarjeta y la pasé sin problemas. Es muy cómodo. Tengo que hacer un tutorial de cómo se usa.

Moverse en metro por Pekín me resultó muchísimo más fácil que en Corea del Sur. Todo está traducido al inglés, por lo que es difícil equivocarse. Al montar, vi que había dos paradas de Tiananmen. Había leído por internet que en la entrada Oeste había menos gente, así que decidí bajarme allí. Error grave.

Al bajar, comencé a seguir a la multitud. Tuve que pasar primero por un control de seguridad para salir donde me tocó enseñar el pasaporte. Una vez fuera, todo estaba vallado y con policías en cada lado. No tenía ni idea de a dónde ir, así que seguía a los demás. Al mirar el mapa me di cuenta de que me estaba alejando de la plaza, por lo que decidí preguntarle a uno de los policías. El chico no hablaba nada de inglés, nada de nada. Usando un traductor me dijo que tenía que coger un bus para llegar. Esto me pareció raro, supuse que todo estaba controlado y que no podía dar la vuelta. Al final decidí seguir recto y saltarme la plaza. Cancelé mi reserva tranquila, porque aún tenía una para la tarde.

La Ciudad Prohibida

Detrás de la plaza se encuentra la Ciudad Prohibida, así que fui directamente allí. Rodeé el pozo siguiendo los increíbles muros de la ciudad que eran altísimos. Por el camino pude ver la fama de los chinos con el tema de los escupitajos. Es realmente asqueroso. Para entrar al palacio tuve que pasar otros controles de seguridad. No tuve que enseñar reserva ni el recibo de la compra de la entrada, me escanearon el pasaporte y pude entrar sin más. Seguía sin creérmelo.

Entrada de la Ciudad Prohibida de Pekín
Entrada de la Ciudad Prohibida

Nada más entrar, me recordó a los palacios de Seúl, solo que cien veces más grande. El terreno es gigantesco y las edificaciones también. Me sorprendió ver que no estaban tan cuidadas como uno se podría esperar. Mientras que los palacios de Corea parecían todos nuevos, estos se veían un poco más descuidados.

Salón de la Suprema Armonía de la Ciudad Prohibida de Pekín
Salón de la Suprema Armonía de la Ciudad Prohibida

Debo reconocer que tras caminar un poco, la visita se vuelve un tanto repetitiva. Pasas un salón y detrás hay otro que parece exactamente igual. Ahora repite esto durante varias veces seguidas y añádele una increíble hordas de turistas, casi todos chinos y algunos europeos (muchos españoles en tour). Aunque diga esto, no significa que la Ciudad Prohibida sea fea o aburrida, es un lugar realmente impresionante. Me gustaría poder ser capaz de viajar en el tiempo y ver cómo se desenvolvía la vida en este palacio.

Salón de Armonía Central y Salón de la Preservación de la Armonía de la Ciudad de Prohibida de Pekín
Salón de Armonía Central y Salón de la Preservación de la Armonía de la Ciudad de Prohibida

El parque Beihai

Al salir, tenía delante el parque Jingshan al que decidí no subir porque no tenía muchas fuerzas (recordemos que llevaba sin comer desde hacía 24 horas) y costaba dinero. En su lugar caminé hacia el parque Beihai donde, una vez más, me hicieron pasar por controles de seguridad. Compré mi entrada y subí hasta la pagoda blanca. Desde lejos parecía mucho más impresionante que de cerca.

Parque Jingshan de Pekín
Parque Jingshan

Al bajar, una chica china me pidió que le sacara unas fotos. Ella no hablaba nada de inglés así que entre señas y mi poquito de chino, nos entendimos. Nos sacamos al final fotos mutuamente. E incluso con una señora que parecía rusa que pasaba por allí. Fue un placer conocerte Jing.

Parque Beihai de Pekín
Parque Beihai

Tras despedirme de ella, volví caminando alrededor del lago observando la vida diaria de la gente como los abuelos bailando al ritmo de la música o a las chicas vestidas con traje de la época echándose una sesión de fotos.

Buscando un sitio para comer

Aunque todo era muy bonito, yo me moría de hambre. Me estaba acercando a las torres de la campana y el tambor buscando un buen lugar donde probar la famosa gastronomía china. Me metí por una calle comercial llamada Yandaixie, pero no encontré ningún sitio que me llamara la atención.

Xiaolongbao en Pekín
Xiaolongbao

Al final, di con este lugar que estaba lleno de chinos. Tenían la carta escrita en inglés y con fotografías, por lo que no tuve problemas. Me pedí una sopa wonton y unos xiaolongbao. Todo en total me costó unos 37 yuanes, no sé si fue mucho o poco. La sopa estaba normal, pero los xiolongbao estaban muy buenos, muy jugosos y bien rellenos de carne y gambas.

Haciendo amigos

Con el estómago lleno y sintiéndome cargada de energías, volví a las torres de la campana y tambor. Realmente me parecieron impresionantes, especialmente la del tambor. Son gigantescas. Se podría decir que me impresionaron más que la Ciudad Prohibida.

Torre del Tambor de Pekín
Torre del Tambor de Pekín

En la plaza que hay entre las dos, había un hombre haciendo unos malabares con una carioca. Se movía con muchísima agilidad incluso a la pata coja. Cuando terminó, empecé a aplaudir. Al verme, me empezó a hablar en chino. Lo único que pude responderle yo es que no sé hablarlo y que era de España. Aún así, tanto él como una pareja, comenzaron a hablarme como si fuera su amiga de toda la vida. Incluso el hombre me dejó que intentara con la carioca. Acabé enrollada como un regalo. La verdad es que, aunque haya tantísimo control en la ciudad, la gente es amable y abierta. Fue una experiencia que no olvidaré.

Hombre haciendo malabares con carioca delante de la Torre de la Campana de Pekín
Hombre haciendo malabares con carioca delante de la Torre de la Campana de Pekín

El templo de Confucio y hutongs

Mi siguiente parada fue el templo de Confucio. Para llegar hasta él, tuve que caminar una media hora atravesando hutongs, en ellos, pude ver que la vida china es relajada y tranquila. Otra cosa que tengo que destacar son los coches y las motos. Todos son eléctricos, así que no hacen nada de ruido. Al contrario de lo que me imaginaba en China, las calles son bastante silenciosas (al menos en Pekín y en esta zona en especial).

Templo de Confucio de Pekín
Templo de Confucio de Pekín

Cuando finalmente llegué al templo, compré la entrada que me costó 30 yuanes. El templo es bastante bonito. Me recordó muchísimo al templo de Confucio de Taipéi. Me paseé tanto por el templo como por el lugar donde se hacían los exámenes imperiales. Lo que más me sorprendió fue que todo el recinto estaba lleno de enormes piedras y árboles. Y si tuviera que destacar algo en especial de este lugar, diría su arco conmemorativo de azurita.

Arco conmemorativo de azurita en el templo de Confucio de Pekín
Arco conmemorativo de azurita en el templo de Confucio

El templo de los Lamas y la estatua gigante

Mi siguiente parada fue el templo de los Lamas que se encuentra justo al lado. Al contrario que el templo de Confucio, este estaba a rebosar de gente. Pagué los 24 yuanes de la entrada y volví a pasar controles de seguridad. Se trataba de un templo largo, con edificios uno detrás de otro. Entre la multitud, no me pareció gran cosa. No fue hasta que llegué al final cuando me encontré la famosa estatua de Buda de 15 metros. No sé porqué, pero me la imaginaba pequeña. Por más que asomara a sus pies, no veía la cabeza. Se encuentra muy encerrada y mide unos tres pisos de altura. Hasta que no te pones justo debajo, no la ves entera. Una auténtica pasada.

Estatua de Buda en el templo de los Lamas de Pekín
Estatua de Buda en el templo de los Lamas

Volvemos a la plaza

Eran las 3 y estaba muy cansada. Tenía una reserva a la plaza Tiananmen para las 4 de la tarde con el objetivo de ver cómo guardaban la bandera, aunque esto no se hiciera hasta el anochecer. Volví a ir en metro, esta vez bajándome en la estación este. Allí me encontré con el peor control de seguridad de los que había hecho hasta ahora. Me hicieron abrirme el chaquetón y sacarme todas las cosas de los bolsillos. Me sacaron el palo selfie y me dijeron que no podía entrar con él. Sin embargo, me lo metí en la mochila diciendo que no lo usaría y entré sin problemas (para luego ver a chinos dentro usándolo).

Puerta Tiananmen de Pekín
Puerta Tiananmen

Lo primero que me encontré fue la famosa puerta con el retrato de Mao Zedong. Es de estos lugares que uno ve en cientos de fotos, pero hasta que no lo tiene delante no es capaz de imaginar lo grande que es. Quería ir a la parte de los museos, pero toda la zona estaba vallada. No se veía a nadie allí. No sé si era por algún evento o algo. Como igualmente ya estaba cansada decidí volverme al hotel. Tengo que admitir que el hecho de que todo esté tan controlado y no puedas moverte libremente, me quitaba las ganas de estar allí.

Antes de llegar, me compré una cena, desayuno y algo para picar al día siguiente en la muralla. Por la noche me comenzó a dar migraña, por lo que me di una ducha (con un maravilloso secador, super moderno y con potencia que me dieron ganas de llevarme a casa), me comí mis fideos extra picantes, me tomé una pastilla y me fui a dormir.

Al día siguiente me esperaba una gran aventura:
China día 2: en la Gran Muralla

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