Conocer la Gran Muralla siempre fue como un sueño para mí. Uno de esos lugares a los que uno desear ir. En este día cumpliría un logro y desbloquearía mi primera maravilla del mundo. Sin embargo, para llegar hasta allí me vi envuelta en problemas. Aquí te cuento cómo fue mi viaje a la Gran Muralla China.
Medio camino tranquilo
5 de marzo de 2025
Como me había acostado a las 21:00, me desperté a las 5 de la mañana, así que me lo tomé con calma. Desayuné tranquila una botella de leche (asquerosa) y unas galletitas, me preparé y salí a las 7:00. Cogí la línea 2 hasta llegar a la estación Dongzhimen. Mi objetivo era ir en transporte público hasta la sección de la muralla Mutianyu. Había otras opciones más rápidas para llegar hasta allí, pero esta era la más barata. Te dejo por aquí un tutorial de cómo llegar con este método mejor explicado y otras alternativas.

Una vez me bajé en Dongzhimen fue fácil encontrar el bus 916快 del que todo el mundo habla por internet. Había leído que solo había dos al día, pero en realidad hay cada 10 o 20 minutos. También había leído que solo se podía pagar en efectivo (sin cambio) o que las paradas solo las decían en chino. Parece que ha pasado mucho tiempo de eso porque yo pagué con Alipay y vi que las paradas las decían en inglés. Tardé una hora y media en llegar a la mía, un trayecto muy tranquilo y que tan solo me costó 6 yuanes.
Accidente en el bus
La segunda parte del trayecto no sería tan tranquila. Para comenzar, nada más bajar, se me acercaron tres personas para convencerme de que me llevaban en coche. Me querían juntar con otro extranjero que viajaba solo y nos lo dejaban por 20 yuanes cada uno. Evidentemente los dos nos negamos.
Fuimos a la parada a esperar el 23H y pasó el tiempo y siguió pasando y siguió pasando. Tras media hora, por ahí no aparecía ninguno. Ni ningún otro bus que pudiéramos coger. El chico extranjero buscó un DiDi por 30 yuanes que quería compartir conmigo, pero le dije que prefería esperar. El chico se fue y no le volví a ver.
Finalmente llegó mi bus que iba llenísimo. Estaba a rebosar de abuelitos chinos que no parecían que fueran a ir a la muralla. Tuve que ir pegada a la puerta deseando que alguien dejara un asiento libre.
Aquí comenzó el problema. Delante de mí había una abuela que iba sujeta a una barandilla y a la puerta. Cuando paramos, las puertas se abrieron y le pilló la mano con la barandilla. No podía sacarla. Los demás le gritaron al conductor que volviera a cerrar las puertas. Así lo hizo y pudo sacar la mano. Hasta aquí creía que todo iría bien, sin embargo, el conductor se bajó y miró por la puerta porque el compañero de la abuela lo había llamado. No entendía qué pasaba hasta que le vi la muñeca a la señora. La tenía con una herida feísima. Le habían arrancado la piel y parecía que se le veía el hueso. Sangraba muchísimo…
Y entonces empezó la odisea. El conductor comenzó a hacer llamadas con el autobús detenido mientras se fumaba un cigarrillo. Fueron pasando los minutos y poco a poco la gente se fue bajando, harta de esperar. Al cabo de media hora o así, nos hace bajarnos a todos. Ya os podéis imaginar, yo en mitad del campo, la única extranjera, con un grupo enorme de abuelillos chinos que discutían a voces con el conductor, una señora desangrándose y sin tener ni idea de lo que iba a pasar.
Decidí esperar a que viniera el siguiente bus que tardó otra media hora en aparecer, cuando lo hizo, todos los abuelillos salieron corriendo a cogerlo. El problema fue que ya iba lleno de por sí. Finalmente, tras empujar muchísimo, nos montamos todos. Fue una experiencia horrible.

Tras quince minutos, llegué a mi parada y suspiré aliviada. Ya había pasado la pesadilla. Me despedí del bus que seguía lleno y comencé a caminar hacia la entrada pensando de manera más positiva.
Subiendo a la muralla
Compré mi entrada con bus, en total 60 yuanes. Para cogerlo, tuve que atravesar un largo camino lleno de tiendas de souvenirs. Tuve la suerte de ser la última pasajera en montarse en el bus, por lo que partimos sin tener que esperar mucho más. Lo más curioso de todo es que solo tardó 3 minutos en subir. Bastante caro (15 yuanes) para un viaje tan corto (da rabia porque el viaje anterior que fue casi una hora me había costado solo 2 yuanes).

Una vez me bajé, me di cuenta de que iba a ser una tarea ardua subir hasta la muralla andando, por lo que decidí hacerlo en telesilla. Nunca me había montado en una y en cierta manera da un poco de miedo ya que sube altísimo. El viaje dura en torno a 10 minutos. Como curiosidad, en la cima, te echan una foto para que te lleves de recuerdo (de pago).
Y allí estaba, con la Gran Muralla delante de mis ojos. Era increíble. Había visto miles de fotos y vídeos pero ninguno le hace justifica. Uno no es capaz de imaginar lo grande que es hasta que no la tiene delante.
Paseo por una maravilla del mundo
Pensaba recorrerla entera, pero en cuanto vi que el camino de la derecha era solo una gigantesca cuesta llena de escaleras, decidí tomar directamente el otro camino. Jamás llegué a imaginar la cantidad de cuestas y escaleras que había. Encima algunos eran escalones pequeñísimos que sientes que te cansan más que los normales y otros eran tan grandes que tenías que ir apoyándote en la pared para no caerte. Sin embargo, todo eso se vio recompensado por las vistas. Allá donde mirara veía a lo lejos la muralla extenderse por encima de las montañas.

Si yo hubiera sido el pueblo invasor, ni se me hubiera ocurrido atacar China. Para llegar a la muralla tienes que atravesar un camino empinadísimo por montaña. Hago también el inciso de que estamos hablando de esta sección de la muralla, otras pueden ser más fáciles.
Yo creía que haría frío allí al ser principios de marzo, pero la verdad es que hacía un calor abrasador. Rápidamente tuve que quitarme varias capas de ropa. Recuerdo que me gustaba meterme en las torres porque por ellas corría una brisa muy fresquita.

Siendo sinceros, no le recomiendo este lugar a nadie que tenga movilidad reducida o se canse con facilidad. Mi condición física es pésima y se me hizo bastante duro. También debo destacar que siempre es la misma vista, muy bonita, pero la misma.
Creo que pasé aquí dos horas. Una de ida y otra de vuelta. Decidí darme media vuelta en cuanto vi que el camino se volvía mucho más empinado.
Una bajada divertida
Había decidido comprar un ticket de ida y vuelta en telesilla, pero usar el de vuelta en el tobogán. Afortunadamente, no había gente en la cola, quitando a dos extranjeros delante de mí. El tobogán consiste en un carro con una palanca en la que tú vas decidiendo la velocidad. No creí que fuera a ir tan rápido. El camino estaba lleno de curvas y parecía no acabarse nunca. Jamás pensé que fuera tan divertido. Me esperaba que fuera una trampa para turistas, pero es algo que voy a recomendar a todo el mundo.

Me gustaría probarlo en otra época en la que la vegetación esté verde, porque creo que tiene que ser una experiencia completamente diferente.
Al bajar, cogí otra vez el bus hasta la zona de tiendas y fui derechita a la parada de bus urbana. Con la mala suerte de que vi pasar por delante de mí el bus 23H. Me tocó esperar una hora a que viniera el siguiente.
La vuelta fue tranquila. Cogí el bus 916 y llegué a Pekín a la hora esperada. Al regresar, me fui directa al hotel a descansar un poco.
La comida y la lavadora
Sobre las 19:00 salí a cenar fuera para probar algún plato típico de Pekín. Acabé en este restaurante donde me pedí el zhajiangmian, unos fideos típicos de aquí por tan solo 19 yuanes. Resultó estar mucho más bueno de lo que esperaba.

Al regresar al hotel quería poner una lavadora. Aquí comenzó una noche de pesadilla. Eran las 20:00 y solo había 4 lavadoras y 4 secadoras y todas estaban ocupadas. Acabé volviendo a las 21:00 con la esperanza de encontrar alguna libre, y aunque terminaban de lavar, los dueños no aparecían. Tras esperar casi 20 minutos de cortesía, le acabé sacando la ropa y por fin pude poner la mía.
Al terminar, no había ninguna secadora disponible, todas marcaban más de una hora. Decidí volver a mi habitación y ducharme de mientras. Evidentemente me subí mi ropa mojada porque no iba a dejarla allí. Al bajar, me encuentro con un montón de gente esperando también las secadoras. Fue bastante estresante porque decían que llevaban esperando fuera una hora y que para demostrarlo su ropa estaba allí. Eran las 22:40, yo llevaba esperando desde las 20:00…
Total, que cuando conseguí poner la mía, a las 23:00, y hasta que terminó (porque encima no secaban), dieron las 1:00. Me la subí a la habitación y acabé dándoles con el secador porque estaba harta de esperar. Os recuerdo que llevaba despierta desde las 5:00, ya os podéis imaginar mi rabia.
Con este día tan ajetreado me fui a la cama esperando que el día siguiente fuera mejor:
China día 3: el Templo del Cielo

