En mi quinto y último día por Italia, decidí visitar el que fue mi primer sueño viajero: la torre de Pisa. Sería un viaje corto, ya que hay poco para hacer en esta pequeña ciudad. Aquí te cuento cómo fue mi viaje a Pisa.
Llegamos a Pisa
miércoles, 14 de enero de 2026
Después de haber dormido estupendamente, nos vestimos y salimos con la idea de conocer una nueva ciudad. La previsión del tiempo daba lluvia por la tarde, así que quería aprovechar bien la mañana. Primero nos dirigimos a la estación de trenes y allí tomamos un tren con dirección Pisa. Me resultó muy cómodo tanto comprar los billetes online como encontrar el andén. Además, salimos puntuales.
El tiempo por Florencia era bastante malo, muy nublado con pinta de que se pusiera a llover en cualquier momento, pero cuanto más nos alejábamos de ella, más mejoraba. Poco a pocos las nubes desaparecían y asomaba el sol.
Finalmente llegamos a nuestro destino. La estación de trenes de Pisa era pequeña y se veía antigua. Es algo que noté por el país, las estaciones de trenes no tenían las instalaciones muy modernas que digamos.
Mi hermana y yo decidimos ir andando hasta la famosa Piazza dei Miracoli donde se encuentran los principales monumentos. Las calles estaban un poco más descuidadas que las otras ciudades en las que habíamos estado. Eso sí, la sensación que me dio fue que Pisa era un pueblo pequeño.

A medio camino hicimos una parada en la Iglesia de Santa Maria della Spina. Sorprende encontrarte una iglesia tan estrecha y a la vez decorada en mitad del camino, justo en el borde del río. Según internet solo abría los sábados, así que no pudimos entrar.
La plaza de la torre
Para este momento había un fuerte sol en el cielo y ni una sola nube. Nos moríamos de calor, algo bastante curioso sabiendo que el día anterior nos habíamos congelado en Florencia.
Tras cruzar el puente que cruza el río, ya podíamos observar la famosa torre al final de la calle. Creo que el primer sitio en mi vida que decidí que quería visitar cuando era niña era la torre de Pisa. Recuerdo cuando en el colegio nos mostraban lugares históricos y culturales famosos. La que más capturó mi atención fue dicha torre.

Puedo decir que he viajado mucho (dentro de lo que cabe) y había visto otras torres inclinadas como la pagoda de Suzhou en China. Sin embargo, la torre inclinada de Pisa consiguió sorprenderme mucho más. Era más alta y estaba mucho más inclinada de lo que esperaba.
Evidentemente, sacamos nuestros teléfonos y comenzamos a echar miles de fotos. Y como no podía ser menos, no faltó la típica sujetándola.

Dimos un paseo por toda la plaza observando los monumentos, como la catedral, el baptisterio, la muralla, el camposanto monumental… Si tuviera que sacar una pega, sería que la catedral estaba en obras, lo cual estropeaba la vista de la plaza.
Mi hermana quería subir a la torre, pero en cuanto vio que costaba 20€ se echó para atrás. Yo también, estando el yen como estaba, era como si me costara 40€. Me parece increíble el abuso del precio a los monumentos en Italia (al menos en las ciudades turísticas).

Hora de comer
Teníamos hambre, así que buscamos algún restaurante cerca de la plaza (sé que es un error, pero no teníamos ganas de buscar mucho). Al final acabamos en este cuyos precios eran ligeramente más bajos. Yo me pedí unos espaguetis cacio e pepe por 10€ que estaban buenísimos. Nos pusieron para acompañar un tarro de queso (que me eché entero), pan y aceite. Como jiennense que soy, solo puedo decir que el aceite de Jaén le da millones de vueltas al italiano.
Con las barriguitas llenas, nos despedimos de la Piazza dei Miracoli y pusimos camino a la estación mientras mirábamos algunas tiendas más por el camino. Así terminaría mi viaje a Pisa.
Último paseo por Florencia
La previsión del tiempo decía que iba a llover por la tarde, pero lo cierto es que nos hizo un tiempo espectacular (dentro de lo que cabe). Aprovechando que era nuestro ultimo día en Italia, decidimos hacer las ultimas compras por Florencia. Yo especialmente quería hacer turismo gastronómico, así que fuimos en búsqueda del famoso maritozzo.

Después de buscar en muchas pastelerías, acabé dando con uno en el que vendían. También compramos un cannolo de pistacho para probar. Los dos estaban buenos, pero no tanto como me imaginaba. Posiblemente porque se me antojaron días antes y de tanto desearlo acabé idealizando el sabor.
Antes de poner rumbo al hotel, pasamos por delante de la catedral de Florencia para echarle un último vistazo. Por la noche hicimos turismo por el hostal que tenía gimnasio, piscina, restaurante temático (esa noche tocaba juegos de mesa)…

Para cenar fuimos a este restaurante donde me comí una pizza de cuatro quesos por 15€ de tamaño considerable. Hubiera preferido probar otra cosa, pero siendo esa pizza mi favorita, no me quería ir sin probarla.
Con esto, nos volveríamos al hotel a hacer las maletas y malabares con las compras porque al día siguiente nos esperaba un vuelo de vuelta a casa.
Mi reflexión
Me llevo un muy buen recuerdo de Italia. La gente muy simpática, la comida deliciosa y completamente lleno de belleza. Si tuviera que sacar una pega serían los precios desorbitados. Hubiera preferido haberla visitado más joven porque me hubiera salido todo muchísimo más barato. Creo que si me hubieran dado la oportunidad, hubiera alargado aún más el viaje. Eso sí, con más preparación porque sentí que no había organizado casi nada. Deseando regresar a Italia.
Fin

