Italia día 3: la Basílica del Vaticano

Baldaquino de San Pedro en la Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano

En mi tercer y último día en la ciudad de Roma, fuimos a descubrir la famosa Ciudad del Vaticano. El país más pequeño del mundo que se encuentra dentro de la capital italiana. Aquí te cuento cómo fue mi viaje al Vaticano.

Entrando en la Ciudad de Vaticano

lunes, 12 de enero de 2026

Como nos estábamos alojando por la plaza Navona, teníamos muy cerca la Ciudad del Vaticano. Sin madrugar demasiado, atravesamos el río Tíber por el Puente de Umberto I desde donde teníamos unas vistas espectaculares de la Basílica de San Pedro y el Puente de Sant’Angelo. Ya habíamos disfrutado estas vistas en la noche en la que llegamos, pero verlas con la luz del día, hacen que ganen muchísimo más.

Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano desde el Puente Umberto I de Roma
Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano desde el Puente Umberto I de Roma

Pasamos por delante del Castillo de Sant’Angelo, al que no entramos. Una de las razones por las que apenas estoy entrando a los lugares en Italia es porque las entradas me parecen excesivamente caras. Ni siquiera los pases te salen rentables. Afortunadamente, he aprendido que a Italia hay que venir con mucho dinero.

Tras caminar apenas diez minutos, nos adentramos en la calle que conduce al Vaticano, con la Basílica de fondo. Por el camino, nos encontramos a un par de personas que nos intentaban parar preguntando si teníamos tickets. Evidentemente, esto es una estafa muy típica. Visitar la Basílica es totalmente gratis. Lo que sí cuesta dinero es subir a la cúpula.

Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano
Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano

Al llegar, tuvimos que hacer unos diez o quince minutos de cola para pasar los controles de seguridad, donde escanearon nuestras mochilas. Tras ello, entramos directamente. Antes de continuar, debo destacar la belleza de la propia plaza. Estaba toda decorada con estatuas, incluido uno de los típicos obeliscos egipcios y, todavía, el árbol de navidad.

La Basílica de San Pedro

A partir de aquí ya no sé cómo explicar o narrar lo que sentí. He estado en lugares increíblemente bonitos e impresionantes, pero este lugar los supera a todos. No queda ni un solo hueco sin decorar con esculturas, oro y cuadros. Solo podía mirar hacia arriba y exclamar «wow». Es deslumbrante. No me considero religiosa, pero el estar allí era como algo mágico. Las fotos no le hacen justicia.

Interior de la Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano
Interior de la Basílica de San Pedro

Nada más entrar, a mano derecha, estaba la escultura de la Piedad de Miguel Ángel. Siento que al estar protegida por un cristal, no se puede apreciar tanto los detalles. Cuesta imaginar que una persona a los 23-24 años haya podido esculpir semejante obra maestra.

La Piedad de Miguel Ángel en la Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano
La Piedad de Miguel Ángel en la Basílica de San Pedro

Por supuesto, no es la única obra de arte que podemos encontrar aquí dentro. Allá donde mires descubres arte que te hace parar a apreciar su belleza. Tengo que destacar la Capilla del Santísimo Sacramento, un lugar para el rezo en el que no se puede tomar fotografías. Todo el mundo estaba callado y sentado. Entré para sentarme y observar toda la capilla con la boca abierta.

Baldaquino de San Pedro en la Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano
Baldaquino de San Pedro

Otro elemento a destacar es el Baldaquino de San Pedro. Además de gigantesco, tiene una cantidad de detalles sorprendentes. Ver tantos lujos te hace sentir totalmente pobre.

Dimos un recorrido completo que nos llevó casi una hora y salimos de allí sin querer salir del todo, al menos yo.

Sin los Museos Vaticanos

Ahora, tengo que recapitular un poco. Normalmente, suelo planear todos mis viajes con mucha antelación y compro las entradas necesarias por adelantado. Sin embargo, la semana antes de viajar, me puse malísima y estuve una semana en cama, así que no pude organizar casi nada. Los días de antes, intenté comprar la entrada a los Museos Vaticanos para ver la famosa Capilla Sixtina, pero la web me daba error. Así que, con todo mi pesar, decidí comprar la entrada el mismo día.

Continuando con la historia, tras echarnos un par de fotos con la basílica de fondo, decidimos poner rumbo a la entrada de los Museos Vaticanos. Por supuesto, aproveché para comprar por aquí mi imán de la nevera del país.

Llegamos a la cola de la entrada y nos pusimos a hacer fila. En este momento se nos acerca una encargada a decirnos que la cola va a tardar casi dos horas, pero que podíamos comprar una entrada express por el doble de precio (50€). No sé si era una estafa o era real, pero era evidente que no íbamos a pagar ese abuso. Como teníamos hambre y estábamos casadas, sin ganas hacer cola, cogimos y nos fuimos.

Sí, reconozco que me he quedado sin ver uno de los lugares más bonitos del mundo, pero entre el tiempo y el precio, se te quitan las ganas.

Más gastronomía italiana

Regresamos por donde habíamos venido y nos pusimos en búsqueda de un lugar donde comer. En el camino, pasamos por el Puente de Víctor Manuel II desde donde teníamos unas vistas preciosas del Castillo de Sant’Angelo.

Castillo de Sant'Angelo de Roma
Castillo de Sant’Angelo de Roma

Había visto una recomendación de un sitio del que recomendaban los supplì, una croqueta frita de arroz. Al llegar allí descubrimos que era un lugar muy pequeñito donde casi solo servían los supplì. Yo me pedí el clásico de carne, tomate, queso mozarrella y parmesano por 3€. Tengo que decir que me encantó. Me supo a gloria.

Supplì en Roma
Supplì

El vegetariano de mi hermana, según ella, no estaba tan bueno. Lo cierto es que me quedé con ganas de pedirme más, pero decidimos dejar esto como un pequeño aperitivo y buscar otro sitio para comer.

Como el día anterior nos habíamos quedado con las ganas de probar la focaccia que había justo al lado del Panteón, decidimos regresar allí. Desafortunadamente, seguía habiendo muchísima cola y mi hermana no parecía colaborar mucho. Así que buscando otro lugar, acabamos en un restaurante que me gustaría recomendar porque la comida estaba deliciosa, pero he visto que tiene tan malas críticas en Google Maps que siento que no sería adecuado recomendarlo. Aquí probé la lasaña.

Cornetto de pistacho en Roma
Cornetto de pistacho

De postre, fuimos a este sitio donde mi hermana se compró un cornetto de pistacho que estaba buenísimo. Le gustó tanto, que quería volver para comprarse otro.

Después de eso, dedicamos la tarde a hacer las últimas compras por Roma pues iba a ser nuestro último día. Al llegar la hora de cenar, fuimos a esta pizzeria donde pedimos dos pizzas para compartir de margarita y marinada entre 8 y 10€. Estaban buenísimas. A mí no me gustó tanto la masa porque la sentía un poco quemada, pero mi hermana se acabó todo plato.

Pizza en Roma
Pizza

Con esto, nos fuimos al hotel a hacer las maletas y a descansar después de este largo día lleno de comida deliciosa.

Al día siguiente dejaríamos atrás Roma para conocer la famosa Florencia:
Italia día 4: el centro histórico de Florencia

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