Durante mi segundo día en Roma, aprovechamos para conocer otros puntos turísticos imprescindibles. También realizamos alguna que otra compra. Aquí te contaré cómo fue mi visita al Panteón y a la Fontana di Trevi, entre muchos otros lugares.
Caminando por el casco antiguo
domingo, 11 de enero de 2026
Nos levantamos relativamente temprano. Nos encontramos el aire apagado, no sé qué le pasaba pero se encendía y apagaba cuando le daba la gana. Yo, en cambio, me encontraba muchísimo mejor de la gripe, pues creo que a partir de este día, solo me quedaba una tos muy molesta.
Lo primero que hicimos fue salir a comprar algunas cosas para el hotel como botellas de agua, dulces para el desayuno… En cuanto dejamos todo la habitación, salimos a conocer la ciudad.
La primera parada fue el Panteón que, para nuestra sorpresa, se encontraba muy cerca de donde nos alojábamos. Verlo por primera vez me dejó boquiabierta. Había visto millones de fotos, pero jamás pensé que se viera tan grande e imponente. Me costaba creer que fuera una construcción tan antigua, pues dicen que se levantó entre los años 118 y 125.

Lo que no sabía (porque tengo que destacar que este ha sido un viaje de no planificar, sino de fluir), era que se había convertido en una iglesia y no podíamos entrar porque estaban a punto de empezar la misa. Así que decidimos volver más tarde.
Pusimos rumbo entonces a la siguiente parada. En el camino, pudimos comprobar lo que se decía de que los italianos conducen mal. Vimos cómo un coche pequeño en estas calles antiguas y estrechas, intentando girar una esquina, se chocaba dos veces con la acera de delante y otras dos con las de atrás. Justo después de él, pasó un coche enorme familiar que dobló a la primera.

Pasada esa esquina, entramos en la Iglesia de San Ignacio. Por sus pinturas en el techo me recordó a la Basílica de San Andrés del Valle. Solo había una pequeña diferencia, y es que delante del espejo para echarte fotos, había una cola de turistas de mínimo media hora. Y, además, costaba 1€.
Siendo sinceros, la Basílica de San Andrés del Valle me pareció mucho más bonita e impresionante. Me alegro de que no sea tan popular.
La famosa fuente de Roma
Tras caminar un rato, llegamos finalmente a uno de los puntos más famosos de Roma: la Fontana di Trevi. Si el Panteón me había sorprendido, esta fuente lo hizo cien veces más. No sé porqué en mi cabeza me la imaginaba tan pequeña. Es una obra gigantesca, impresionante y cargada de belleza. Merece la pena venir a verla al menos una vez en la vida.

Aquí tuvimos cuidado con nuestras pertenencias porque había mucha gente y esta ciudad es famosa por sus carteristas. Os adelanto que no tuvimos ningún problema durante todo nuestro viaje por Italia.
A la fecha en la que fuimos a la fuente, bajar hasta ella era gratis. Solo tuvimos que hacer una cola de cinco minutos. Aunque, sinceramente, no hay mucha diferencia entre verla desde arriba o desde abajo. Una vez bajamos, nos echamos muchísimas fotos. Y no, no tiré ninguna moneda porque como le digo a mis amigos: «soy más feliz con el euro». También fuimos a la Fuentecita de los Enamorados, a la derecha de la fontana, de la cual aproveché para probar el agua. Sinceramente, estaba malísima.
Tiendas y más monumentos
Justo al lado la fuente, hay muchas tiendas de recuerdos. Quien me conozca, sabe que yo nunca suelo comprar nada, pero mi hermana sí. Así que estuvimos viendo muchas tiendas de souvenirs mientras continuábamos nuestro camino. Tanto fue así, que decidimos dedicar la tarde a ir de compras.

Nuestros pasos nos llevaron hasta la Plaza de España. Nos pasa a las dos que cuando escuchamos ese nombre, pensamos en la plaza que hay en Sevilla, la cual me parece la plaza más bonita del mundo. Así que cuando vimos la de Roma, nos resultó muy decepcionante. Por un lado, lleno de gente, por otro, no nos pareció la gran cosa ni las escaleras, ni la iglesia.
Tenía entendido que no te podías sentar en la escalinata de la plaza, pero allí me encontré con un montón de gente sentada y nadie les decía nada.
Al terminar nuestra visita, regresamos al Panteón pasando por delante de muchas tiendas de lujo. Algo que siento que le resta belleza al casco antiguo.
Entramos al Panteón
Una vez volvimos al Panteón, nos pusimos a hacer cola ya que no teníamos la entrada comprada. La plaza estaba mucho más llena de gente en comparación a la mañana. La cola también. Nos llevo un poco más de media hora.
Creo que esto también fue un problema porque cuanto más tiempo echábamos fuera, más idealizamos el interior. Tras pagar nuestros 5€, entramos directamente. El interior, desafortunadamente, nos decepcionó muchísimo. La cúpula es impresionante, pero dentro, no hay casi nada.

Tras apenas 5 minutos, ya nos queríamos salir las dos. Estábamos cansadas y hambrientas porque no habíamos parado en toda la mañana. Intentamos amortizar todo lo que pudimos el tiempo y el dinero dando una vuelta completa al interior y apreciando la cúpula.
Hora de comer
Al salir, veíamos que todo el mundo estaba comiendo una focaccia. Queríamos probarlas también, pero en cuanto vimos la cola infernal que había para pedir, decidimos regresarnos a la zona de nuestro hotel. No teníamos ni el ánimo ni las ganas para volver a hacer cola.

Al final acabamos comprándonos un panini que estaba bueno. Siento que la comida italiana usa muchos ingredientes naturales como el tomate y el queso. Vengo de Japón donde todo me sabe artificial, así que es un lujo para mí.

De postre, quería probar el famoso tiramisú. Había visto muchas tiendas recomendadas, pero escogí la que más cerca nos pillaba que era ésta. El tiramisú estaba buenísimo. Me hubiera encantado haberme pedido otro más, pero como era un sitio muy turístico, el precio era muy alto para tan poca cosa.
De compras
Como habíamos dicho, decidimos echar la tarde de compras. Yo me compré mi típico imán para la nevera y un mini coliseo que costaba tan solo 1€. Mi hermana compró más que yo tanto para familiares como para amigos. Si tuviera que destacar alguna tienda, sería las dos de patitos de goma que vimos.
Cuando caía la noche, regresamos de nuevo hasta la Fontana di Trevi. Ahora había el doble de personas que durante la mañana. No se podía ni caminar. Eso sí, muy bonita también de noche.

Para terminar el día, buscamos sitios baratos para cenar y acabamos aquí. Por 8€ pude probar los famosos Tonnarelli all’amatriciana que estaban muy buenos, pero los espaguetis cacio e pepe de mi hermana, lo estaban muchísimo más.
Tras terminar, regresamos al hotel a dormir.
El siguiente sería nuestro último día en Roma y aprovecharíamos para cambiar algunas horas de país:
Italia día 3: la Basílica del Vaticano

